martes 28  de  julio 2026

Inmortales

A veces la mente es obstinada, te lleva o te trae personas que no te hicieron bien y a pesar de eso, o justamente por eso, se quedan en tu memoria

Acabo de despertar soñando con ella. Ha sido ese tipo de sueño que te lleva a otra etapa de tu vida, ha sido muy real. He despertado triste, por eso lo escribo, para sanarme rápido o para no quedarme dormida de nuevo, corriendo el riesgo de olvidarlo todo.

nMis amigos y yo habíamos vuelto al colegio. No sé bien la edad que teníamos, pero habían dos cosas que sí estaban claras: era una reunión de reencuentro, y yo ya había publicado esa novela titulada u201cHay una chica en mi sopa u201d. n

La reunión tenía como motivo tomarnos un examen para volver a validar nuestros diplomas alemanes, también llamados u201cSprachdiplom u201d. Tal cosa no existe, eso era parte del sueño, esos diplomas valen todavía ahora y valdrán aún cuando yo sea una vieja sin memoria y ya no sepa decir una sola palabra en alemán.

nNos reuníamos en el patio del colegio y nos saludábamos con cariño. Todo bien hasta ahí, salvo porque algunos de nosotros descubríamos con cierta tristeza, y al mismo tiempo con humor, que nuestro vocabulario alemán se había reducido, y que cuando tratábamos de hablar con los profesores que venían a saludarnos, se nos escapaban palabras en inglés, lo que provocaba risas y más risas.

nEn un momento traté de decirle a un profesor u201c u00bfPongo el libro en la mesa? u201d y le dije u201cDarf ich das Buch auf dem Tisch u2026 u201d y no me acordaba cómo se decía poner y le dije u201cputzen? u201d Porque me remitía a la palabra u201cput u201d en inglés, cuando en realidad u201cputzen u201d en alemán significa limpiar. En mi sueño ese comentario provocó una risotada de mis amigos. La misma risotada que yo era capaz de provocar en otras personas cuando estaba en el colegio.

nYa cuando desperté supe que u201cponer u201d se dice u201clegen u201d, pero eso lo escribo para justificarme a mí misma, para sentirme menos tonta, o tal vez mi cabeza hizo que yo no pudiera recordar la palabra y dijera esa otra para que por un momento volviera a sentir lo que es hacer una broma y que todos se rían de ella.

nEstábamos conversando entre nosotros cuando giré la cabeza y la vi. Estaba dentro del que solía ser mi salón de clases, estaba parada junto a la pizarra con un pedazo de tiza en la mano, movía un poco los brazos al hablar. No sé si notó que yo estaba afuera, creo que sí. A su alrededor habían ventanas grandes que bordeaban todo el salón. Los profesores los llamaban u201csalones pecera u201d, porque en efecto, uno podía ver todo lo que ocurría dentro desde cualquier ángulo. Casi todos los salones eran así. Habían cortinas, pero solo se podían bajar si el profesor o la profesora estaba dentro. n

Seguí estudiando, fingiendo que no la había visto, que no me importaba su presencia, aunque ya podía comenzar a sentir como algo se movía en mi pecho. Seguí esperando a que me llamaran para dar el examen, leyendo el libro u201cWer, wie, was u201d que había utilizado en quinto de media. Tuve ganas de ir al baño y fui y cuando estaba saliendo de una de las cabinas del inodoro, me la encuentro lavándose las manos. Era ella, con ese mismo aire joven de entonces. Me miró a través del espejo como esperando a que la salude. Intuí lo que estaba pensando: tengo ganas de saludarte, pero fuiste tú quien publicó ese libro, eres tú quien debe decir hola primero. Me paré a su lado a lavarme las manos pensando: ármate de valor y salúdala. Me quedé unos segundos en silencio, tímida. Ella terminó de lavarse las manos y me dio una última mirada como diciendo: no nos saludaremos ahora y entonces será evidente que no hablaremos nunca más. Cuando ya se estaba secando las manos le dije: hola. Me sonrió con la mirada como solo ella sabía hacerlo y me dijo: hola. Me sequé las manos. Salimos juntas del baño. Una vez afuera puso una mano en mi hombro, yo puse mi brazo en su cintura y nos abrazamos de lado mientras caminamos unos pasos. Fue un abrazo de amigas. De dos personas que se han querido mucho en otro tiempo. Luego nos soltamos y le dije: te llamo. Me respondió: claro, hablemos, entra al internet, no seas tan desconfiada. No sé por qué me dijo eso, pero en los sueños muchas veces ciertas cosas no tienen sentido. Nos separamos y cada una siguió su camino. n

Entonces desperté. Me quedé triste, la extrañé un poco. Sentí nostalgia de esa época, de esos sentimientos perdidos. Sé que nada de eso no funcionaría ahora: ella y yo ya no somos las de antes y yo ya no estoy dispuesta a querer como lo hice entonces. Pero a veces la mente es obstinada, te lleva o te trae personas que no te hicieron bien y a pesar de eso, o justamente por eso, se quedan en tu memoria y no envejecen más, se quedan así, inmortales.

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