El problema de fondo persiste intocado: el islam es intolerante con el resto de religiones
Es un alivio saber que los miles de yazedíes acosados en el monte Sinjar, al norte de Irak, por los islamistas radicales de ISIS, han podido escapar a una muerte tan horrible como segura gracias a sus propias habilidades, la ayuda de los peshmergas kurdos, y una limitada intervención americana. Se ha evitado un asesinato en masa y una catástrofe humanitaria esta vez, sin embargo el problema de fondo persiste intocado: el islam es intolerante con el resto de religiones.
n nLo que está sucediendo ahora en Siria e Irak es la expresión más radical, pero no la única. A principio de julio el ISIS comenzó una ofensiva desde suelo sirio para ocupar parte de Irak y, posiblemente, desde ahí, hasta Jordania. Y aunque los combates prosiguen y el avance se ha ralentizado relativamente (lo que ha requerido la entrada en fuerza de Irán, bombardeos norteamericanos y el relevo forzado del primer ministro iraquí salido de las urnas), el grupo terrorista se ha reconvertido en el Estado Islámico, con suelo, población y gobierno como cualquier otro estado. Y ha declarado el Califato, otorgando así la máxima autoridad moral y política a su líder Abu Bakr al-Baghdadi. n
nEn su expansión, cada vez que se topaban con aldeas y ciudades donde la población no era musulmana, sino cristiana, como en Qaraqoush, o yazedi, en las proximidades de Tal Afar y Mosul, los milicianos del ISIS eran expeditivos:"Márchate, conviértete al islam, o muere". O sea, deja todas tus propiedades y huye o quédate para ser degollado. De los 3.000 cristianos del norte de Irak, apenas 30 han optado por la conversión. La mayoría ha escapado como ha podido y algunos, lo hemos visto en Internet, han sido asesinados brutalmente.
n nPero el problema no es de ahora. Hace una década, los cristianos de la zona eran algo más de 50.000. Ni siquiera es un problema limitado a Irak, sino que es recurrente en todo el Oriente Medio, con la excepción de Israel. Un lugar tan emblemático para la cristiandad como Belén, donde se celebra la Natividad de Jesús, ha visto cómo su población cristiana disminuía con el paso de los años bajo la presión y la radicalización palestina, hasta pasar a ser una minoría. Y ni que decir tiene que los judíos viviendo en Siria, Arabia Saudí, Egipto o Jordania son cero. n n
Durante años la Iglesia Católica ha callado ante los abusos sobre sus fieles en esa zona del mundo por miedo a que sufrieran una mayor persecución. Pero ya es hora de que se reconozca que el apaciguamiento no ha dado ningún buen resultado. Es hora de demandar reciprocidad. No es de recibo que el diálogo interreligioso no pueda tener lugar en suelo árabe. Ni que las mezquitas florezcan por doquier en Occidente, pero no se permita ni una iglesia en los países del Golfo.