martes 28  de  julio 2026

Jornada de humanidad

La Semana Santa no debe quedar como la única época en la que las personas de fe y los individuos ejerzan su voluntad solidaria y pongan atención en el mejoramiento humano

Con la celebración del Domingo de Ramos se inició ayer la Semana Mayor o Semana Santa, una jornada que abre para los cristianos el tiempo litúrgico más importante para orar y volcar su fe en acciones de beneficio para el prójimo. n

Se trata de un momento de exaltación espiritual que define, en esencia, el sentido cristiano. Los días en que los creyentes se inspiran en la parábola de los últimos días de Jesucristo para reflexionar sobre los pasos positivos, los cambios y las acciones generosas que pueden enriquecer sus vidas, su quehacer laboral y su entorno social. n

Los días de la Semana Santa se han convertido también en temporada de asueto, vacaciones y viajes para muchas familias, y no está mal si la ocasión sirve para emprender travesías que signifiquen unión, experiencias compartidas, amor y solidaridad. n

Pero la Semana Santa no debe quedar como la única época en la que las personas de fe y los individuos ejerzan su voluntad solidaria y pongan atención en el mejoramiento humano. Reducir las buenas acciones, los empeños de perdón y reconciliación, el estoicismo y la generosidad sólo a los días en que se recuerda y rinde tributo al sacrificio de Cristo en la cruz, no es sinceramente el sentido más profundo de esta celebración. n

Si la Semana Mayor debe ser un incentivo para la conducta y el espíritu de los seres humanos, el alcance de esta festividad religiosa va realmente mucho más allá que los ocho días que se enmarcan entre la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén y la Pascua de Resurrección. No nos olvidemos del acontecer de la familia, los hijos, los amigos y el nuestro propio, que se prolonga por los próximos 357 días de retos cotidianos.

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