El debate no es nuevo, ni en Florida ni en otros Estados sureños: los símbolos de la Confederación, aquellos que rememoran el Ejército secesionista que se enfrentó al unionista, durante la Guerra Civil Americana (1861-1865), no paran de caldear los ánimos de unos y otros.

De esta manera, estatuas, obeliscos, monolitos y banderas ocupan el centro de una discordia que tiene su base en el pasado histórico y racial que significó el enfrentamiento militar entre el norte y el sur.

El anuncio de que el ayuntamiento de Charlottesville, en Virginia, consideraba retirar una estatua del militar que defendió la secesión Robert E. Lee, atrajo la presencia de supremacistas blancos y contra manifestantes que terminó en un mortal incidente, que acabó con la vida de una mujer de 32 años, además de dejar 19 heridos.

Tres días después, el Condado de Alachua, en Florida, retiró de un parque en Gainesville la estatua que honraba a las tropas de la Confederación, bajo la mirada tranquila de los vecinos de la zona, luego de que el cuerpo legislativo condal decidió remover el monumento.

Por otra parte, el mismo día, un grupo de personas encolerizadas por los sucesos en Charlottesville retiró por la fuerza en Durham, Carolina del Norte, una estatua similar que evocaba el Ejército secesionista y descansaba en un parque público.

Entretanto, el país miraba con orgullo cómo Gainesville era capaz de asumir el retiro de la estatua con legitimidad, mientras reprochaba con angustia cómo Durham asumía el episodio de la violencia que tanto rechazamos.

“El racismo y la muerte en Charlottesville es inaceptable pero hay otras maneras de retirar estos monumentos”, comentó el gobernador de Carolina del Norte, Roy Cooper, por Twitter.

La concienzuda resolución del Condado de Alachua demuestra que las instituciones democráticas funcionan acorde con las expectativas, entretanto el asalto en Durham cuestiona la conducta social y democrática de quienes participaron en el vandálico suceso.

De hecho, la Florida cuenta con 32 monumentos en espacios públicos dedicados a las tropas de la Confederación, mayormente situados en el centro y el norte del estado. Muchos de ellos figuran hoy en reclamaciones que podrían provocar su retiro y relocalización.

La paciencia, afincada en el derecho irreversible, es capaz de sobreponerse a la intransigencia en cualquiera de sus manifestaciones.

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