lunes 23  de  marzo 2026
OPINIÓN

La caravana de los hipócritas

La dictadura, que tiene a toda Cuba a oscuras, prendió todas las luces del Palacio de las Convenciones, aire acondicionado incluido, para recibir y regodearse con estos secuaces

Diario las Américas | Omar Sixto
Por Omar Sixto

Este fin de semana, La Habana se ha convertido en una cloaca. Bueno, una cloaca ya lo era antes de este fin de semana, pero antes de este fin de semana era una cloaca séptica, gracias a —o más bien por culpa de— la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba.

Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Antes de este fin de semana La Habana ya era una cloaca hedionda, llena de lomas de basura pestilente e infecta, a oscuras, sin agua potable, con las alcantarillas rebosantes y desbordantes de fétidas y coloridas aguas albañales.

Antes de este fin de semana, por sus calles no circulaban autos, autobuses o ambulancias, solo deambulaban personas famélicas y las recorrían, por supuesto, patrullas de policía y camiones de represores que, más que “avispas negras”, tienen el alma negra.

Pero este fin de semana La Habana se convirtió en otro tipo de cloaca. Si la cloaca que les acabo de describir puede convertirse en algo limpio y próspero muy rápidamente cuando Cuba se libere de esa panda de ineptos y asesinos que la desgobiernan, la otra cloaca, la que este fin de semana se apareció en La Habana, es y será mucho más difícil de sanear.

Este fin de semana se apareció en La Habana una pandilla de lo más bajo, hipócrita y sinvergüenza de lo que se autodenomina izquierda mundial. Se dicen caravana por las Américas, o algo así.

La dictadura, que tiene a toda Cuba a oscuras, prendió todas las luces del Palacio de las Convenciones, aire acondicionado incluido, para recibir y regodearse con estos secuaces. Seiscientas cincuenta personas, es un decir, provenientes de treinta y tres países. Aviones, autobuses a su disposición, para recibir una supuesta ayuda material y un siempre presente apoyo ideológico.

Gastaron tanta electricidad que esa misma noche se produjo otro apagón generalizado en la isla, el segundo en una semana. Ingenuos como son, imagino que la dictadura les haya dicho que ese apagón es parte de la experiencia inmersiva del “turismo revolucionario”.

Lástima que no los pasaron por la icónica atracción de tonfa y cárcel. Lástima que Trump y Rubio no dieron la orden, nos hubiéramos ahorrado mucho dinero —pues con un misil bastaba— y tiempo. Estaban todos ahí reunidos.

Por supuesto, a su llegada, los excelsos miembros de la “caravana” fueron "atendidos" por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), del que les he contado en mi libro Se acabó la diversión. Fueron atendidos por ese ICAP que no es otra cosa que otro departamento de la Seguridad del Estado. Cuando esos seiscientos cincuenta imbéciles regresen a sus países, habrán dejado en La Habana seiscientos cincuenta expedientes con información de hasta a qué hora cagaron las langostas con que la dictadura alimentó su imbecilidad cómplice.

¿Quién pagó todo eso?

Al menos sabemos quién pagó los hoteles de lujo en los que estos cómplices se alojaron, las comidas —no digo de lujo, porque en la Cuba de hoy cualquier comida es un lujo— y toda la parafernalia comunista con que los recibieron. Esa la pagaron los cautivos cubanos, la pagaron con lo que la dictadura les roba. Los cubanos comiendo de la basura y durmiendo a oscuras, los cómplices a toda leche, como dicen los españoles. Al cabo, muchos de ellos provienen de ese nuevo país que es la República Socialista de Cataluña, País Vasco, no sé cuántas más, y las Baleares, antes conocida como España.

No podía faltar la mosca cojonera de Pablo Iglesias, que ahora anda infectando y disfrutando a gusto en el nuevo autoritarismo anticapitalista mexicano. De México también le llegó oxígeno fresco a la dictadura: la camarada Sheinbaum anunció que mandaba otro barco. Para eso sirve ahora la Marina de México, para robar combustible y portear ayuda a dictaduras.

Anunció que mandó otro barco con combustible y víveres “destinados a la población cubana”. Así le dicen en México a la dictadura que mantiene a la verdadera población cubana sumida en la miseria y a golpe de represión.

No podían faltar los cómplices a los que la libertad del mundo libre les permite hacer y decir lo que quieran, aunque sea apoyar a una dictadura asesina. Allí, en los butacones donde tanta mierda se ha hablado durante décadas, llegaron a hablar mierda la congresista Rashida Tlaib, el laborista inglés Jeremy Corbyn y hasta un grupo de rap irlandés.

Todo esto mientras las cárceles cubanas están atiborradas de presos políticos. Presos por pedir libertad, por decir “Patria y Vida” y por anhelar una vida digna. El Palacio de las Convenciones atiborrado de ratas cómplices y las cárceles desbordándose de cubanos dignos que solo desean ser libres.

Todo esto le permitió al puesto a dedo Díaz-Contados no solo sonreír, después de varias semanas de estar cagándose de miedo, sino también ponerse en son de gallito y, delante de todos esos cómplices pestilentes, decir que “aquí hay un pueblo que prefiere vivir de pie a morir de rodillas”.

Para los cubanos libres, y también para cualquier ser humano de bien, esas palabras son una bofetada de cinismo y desvergüenza, viniendo nada menos de la cabeza visible de esa dictadura que tiene a los cubanos muriendo de rodillas mientras ellos, los Panzones dictadores, tienen puesta la bota comunista sobre sus cautivos.

La presencia de esos “valientes”, como ellos mismos se autodenominan, le dio pie a este ladino a decir que “esta revolución va a continuar venciendo”. Y tiene razón: con la “solidaridad” cómplice de todos esos “tontos útiles”, con la inconstancia de los cautivos en tomar las calles y la inconstancia de Trump hacia el tema cubano, todo eso hace que la llamada “revolución”, la dictadura, siga venciendo, venciendo a los cubanos de la isla.

Las supuestas y muy secretas —u opacas— negociaciones entre el gobierno de Estados Unidos y miembros de esa camarilla asesina, y la todavía no total pérdida de miedo de los cautivos a tomar las calles —pérdida de miedo que cada día aumenta pero aún no florece—, es lo que permite a Díaz-Contados y su banda hacer estos espectáculos que, aunque grotescos, sirven para lavarles la cara en los medios del mundo y para mostrarles a sus cautivos que aún conservan algo de poder.

Este espectáculo, a mí, no hizo nada más que confirmarme que hay que vencerlos a ellos, vencerlos de manera rotunda, para que, de una vez por todas, cambiemos la muerte que ellos significan y devolvamos la patria a la vida.

Yo no sé usted, pero yo prefiero morir de pie a vivir de rodillas.

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar