jueves 19  de  marzo 2026
RELATO

La Desbandá

Narraciones que combinan vivencias y ficción con un claro propósito reflexivo

Por Claudio Reina

Hace ochenta y nueve años, la catedral anunciaba con sus ronqueras de bronce la caída de Málaga. Aquella garganta católica auguraba la masacre, y los malagueños, torcidos por la cercanía de la muerte, desbarataron sus casas para emprender camino a Almería, una de las pocas ciudades que aún resistían a la tragedia civil.

Las camisas negras avanzaban por el oeste, recorriendo la Carretera de Cádiz tras un ejército de salvajes, que atemorizaba a los costeños desvalijando hogares y agujereando estómagos. Las columnas franquistas se abrían paso por las encinas y taponaban el monte con su frontera de fusilamientos. La Legión Cóndor (aviación del III Reich) ensayaba para la segunda guerra mundial ametrallando y bombardeando a la población andaluza. La única salida de este horror se ofrecía por el este, bordeando el mediterráneo.

El éxodo se produjo el día 7 de febrero de 1937, al menos 120.000 personas huyeron desde la capital malagueña, siendo la población de la misma de 180.000. A la altura de la axarquía y de la costa granadina echaron a correr millares de civiles, elevando la cifra de huídos a 200.000, aunque las últimas investigaciones sitúan un número terrorífico de 300.000 andaluces huyendo de la guerra. Como relata el Archivo Juan Negrín:

“Hombres muertos por la carretera de frío, hambre y cansancio. Mujeres con niños en brazos y con los pies enormemente desfigurados y llenos de llagas, caras famélicas…”

Sobre el puente viejo del barranco de Maro, los ojos de los civiles avistaron una fila de barcos negros. Bombardearon hasta los ojos, como quien pisotea un hormiguero. Cubiertos de piedra y sangre, los andaluces se escondieron en el monte, dejando atrás el único sendero que podía llevarles a Almería.

Anochece en la carretera, entre polvo de bombas. Los andaluces, hambrientos y devastados, salen de sus escondites para continuar el camino. El faro está apagado y los barcos no divisan su objetivo. Una hilera de sufrimiento y confusión deambula hacia el Indalo, pero al amanecer continuarán los truenos.

Se estima alrededor de 5.000 fallecidos, aunque algunas fuentes elevan la cifra a 15.000 víctimas mortales.

Este episodio en la historia de España, tan trágico como inhumano, comienza a recordarse hoy día como un eco de mil voces, que resuena y se arruga en nuestra frente. Andalucía, al igual que un verso, es refugio y memoria:

“Málaga huyendo

de padre a padre, familiar, de tu hijo a tu hijo,

a lo largo del mar que huye del mar,

a través del metal que huye del plomo,

a ras del suelo que huye de la tierra.

Málaga,

no te vayas con tu nombre”

Del poema “Batallas” de César Vallejo

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