sábado 21  de  febrero 2026
OPINION

La inteligencia artificial y el sonido del silencio

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

El silencio dentro de una conversación humana no es un espacio vacío. Es un elemento activo que define el tono, la intención y el sentido de lo que se dice. Las personas lo usan para enfatizar, para suavizar, para ironizar, para expresar dudas o para invitar al otro. Un silencio breve marca una intención. Un silencio más largo marca otra. El oído humano interpreta esas pausas de manera automática porque forman parte del lenguaje desde la infancia. La comunicación hablada no ocurre solo con palabras. Ocurre con ritmo, con pausas, con respiraciones y con micro tiempos que son tan significativos como las frases.

La diferencia con la comunicación escrita aparece cuando desaparece ese tiempo expresivo. Quien lee un texto decide el tono con el que lo interpreta. Quien escribe puede creer que una frase es neutra, pero el lector la puede leer como agresiva, distante o impaciente. Sin pausas reales, sin ritmo y sin sonido, el texto queda reducido a palabras aisladas que el lector reordena emocionalmente según su propio estado.

En una experiencia personal lo vi con claridad. Tuve un conflicto con alguien con quien antes hablaba con naturalidad. La distancia física nos llevó a reemplazar la voz por mails. Los mensajes empezaron a escalar en tensión. Había malentendidos que se acumulaban sin que ninguno de los dos pudiera frenarlos. En un momento entendí lo que estaba sucediendo. El tono no lo estaba poniendo quien escribía, el tono lo estaba poniendo quien leía. Lo mismo que en la voz sonaría tranquilo, por escrito sonaba seco. Lo mismo que en una conversación sería una duda suave, escrito se transformaba en una objeción dura. Y, sobre todo, los mails no tenían silencios. No había pausas para escuchar. No había momentos para que una idea se asentara. Era un intercambio de dos monólogos que chocaban sin ritmo común. Cuando finalmente hablamos por teléfono todo se ordenó enseguida. La conversación recuperó flujo y la tensión se redujo. El motivo fue simple ya que la voz reinstaló el tiempo, esto nos permitió hablar y escuchar. El silencio volvió a ser parte del mensaje y la conversación volvió a ser lo que es.

Ese elemento, el silencio como parte del lenguaje, es exactamente lo que falta cuando una persona interactúa con una IA basada en texto. La IA solo recibe palabras escritas sin las pausas. No recibe la duración de un silencio significativo, tampoco el modo en que una frase es dicha o dudas y vacilaciones. Para la IA no existe diferencia entre una pausa breve y una pausa larga. Ambas se convierten en una ausencia total de información, ya que sin señal no se comunica nada. Así, la parte temporal de la conversación, la que para un humano es fundamental, desaparece por completo.

Esto tiene consecuencias directas. Una frase que en voz real depende de un silencio para transmitir ironía llega a la IA vacía. Una frase que necesita una pausa para sonar amable y no llegar como una afirmación recta, lo que en la conversación hablada se suaviza con un momento de silencio llega a la IA sin ningún suavizante. La IA no recibe lo que sucede entre palabras, ese recorte elimina una parte esencial de la comunicación humana.

Los silencios cumplen funciones que sostienen el diálogo, como la escucha, la regulación del intercambio y el avance sin atropellar al otro. Estos permiten ver si el interlocutor duda o se siente cómodo y ajustar lo que se dice según la reacción inmediata. Cuando esa capa desaparece, la conversación cambia de naturaleza y el intercambio se vuelve lineal, los matices se achican y el intercambio se vuelve más rígido. Y lo que en la voz fluye, en el texto se endurece.

En la interacción con la IA esto es particularmente importante. La persona puede creer que insinuó un matiz mediante un silencio en su voz mental, pero la IA nunca lo recibe. Un individuo imagina que la pausa comunicaba algo, pero la IA no la vio. Lo único que recibe es la frase final sin la parte temporal que le daba forma.

Las personas conversan con palabras y silencios, por su parte la IA recibe palabras sin silencios. Esa diferencia explica la naturaleza actual de las conversaciones con sistemas de lenguaje y por qué ciertos malentendidos ocurren de manera repetida. El silencio, que en la comunicación humana es un componente esencial, en la comunicación con la IA desaparece. Y cuando desaparece el silencio desaparece también una parte central del mensaje.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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