domingo 7  de  junio 2026

La Isla de la Tortuga en Capitol Hill

En los últimos años, el Capitolio -es decir, el complejo de edificios en el que está el Congreso de Estados Unidos- parecía la Isla de la Tortuga, de tanto"filibusterismo" ( bloqueo de iniciativas por parte de la minoría republicana) que se practicaba allí.

Es un chiste fácil, pero correcto. La palabra anglosajona filibuster deriva del español filibustero, que era el nombre que recibían los piratas que actuaban por cuenta de una monarquía.

El rey les daba patente de corso, con lo que les autorizaba a hacer la guerra y, a cambio, les otorgaba el derecho a quedarse con los botines que obtuvieran.

Era una forma de privatizar la guerra, a coste cero para el Estado. La isla de la Tortuga, al norte de lo que hoy es Haití, fue uno de los centros de operaciones de los filibusteros franceses, y ha sido inmortalizada en una serie infinita de películas. nCon los filibusteros había dos cosas con las que tener cuidado.

La primera: solo servían, en general, para hacer guerra de guerrillas, no para llevar a cabo guerras organizadas. Y la segunda: era mejor que actuaran lejos de la corte, no fuera que, en un momento dado, se pusieran a saquear la metrópoli si no obtenían suficientes riquezas del enemigo. Por esa razón eran idóneos para la guerra en el mar y en las colonias. Cuanto más lejos, mejor. n

Todas las monarquías europeas usaron filibusteros y, aunque los británicos, franceses y holandeses son hoy los más famosos, hay que recordar por ejemplo al español puertorriqueño Miguel Henríquez, uno de los más exitosos de esta tradición de saqueadores.

Según explica el economista Peter Leeson en su libro u2018The Invisible Hook u2019, los filibusteros fueron un elemento dinamizador de las economías en los siglos XV, XVI y XVIII, porque funcionaban como empresas privadas inspiradas por el más puro capitalismo. n

El filibusterismo del Senado de EEUU, que acaba de ser eliminado por la mayoría demócrata en el caso de los nombramientos de jueces federales y miembros del gabinete presidencial, era similar al de Henríquez.

El u2018filibuster u2019 del Capitolio consiste en que toda decisión debe ser aprobada con al menos 60 votos a favor, de un total de 100 senadores con que cuenta esa cámara. Eso exige una u2018supermayoría u2019 que se da muy pocas veces.

Por consiguiente, el partido en minoría siempre puede paralizar el proceso legislativo. nHacer"filibuster" en el Senado salía prácticamente gratis. Igual que el filibusterismo en la Isla de la Tortuga.

No lo hacían terceras personas -o sea, filibusteros- pero la responsabilidad se diluía. Y el efecto era el mismo que tener a Francis Drake o a Miguel Henríquez merodeando: un incordio, una parálisis y un problema que no se iba nunca. La lectura que hacían los medios de comunicación de esa práctica era siempre una referencia al"partidismo" (partisanship) de Washington, y a la falta de voluntad de consenso de los políticos. n

La cuestión, sin embargo, es que el filibuster ha sido empleado mucho más por el Partido Republicano. Desde que Barack Obama llegó a la Casa Blanca, la minoría republicana del Senado ha torpedeado sistemáticamente las iniciativas del presidente y de la mayoría demócrata, con 311 u2018filibuster u2019. Compárese esa cifra con los 130 de los demócratas en los ocho años de George W. Bush. n

La intransigencia republicana ha acabado por permitir que el ala izquierda demócrata imponga su punto de vista de que el u2018filibuster u2019, al menos en nombramientos, debe ser abolido. O sea, que basta con que haya 51 votos a favor para que se ratifique a la persona a la que el presidente ha propuesto para el cargo.

Ahora cabe esperar una oleada de nombramientos de jueces demócratas, que habían sido paralizados por los republicanos en una operación de bloqueo sin precedentes en la historia de EEUU.

A más largo plazo, es muy probable que el u2018filibuster u2019 termine por eliminarse totalmente. El Senado de EEUU será entonces el reino de las mayorías. Muchos echarán de menos los viejos días del consenso. Pero no es menos cierto que no se puede usar el argumento del consenso para defender el bloqueo.

Una herramienta destinada a promover la negociación y la búsqueda de posiciones comunes no puede ser empleada para convertir el Capitolio en la Isla de la Tortuga.

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