Conocemos las dificultades que se pueden enfrentar cuando un imprevisto nos alcanza sin los recursos para hacerle frente y entendemos que ahorrando se pueden alcanzar metas importantes.

Sin embargo, no todos tenemos el hábito de ahorrar. Guardamos sólo pequeñas partes, de manera desordenada, y esperamos siempre a “la próxima oportunidad”, poniendo excusas cómo lo difícil que está la situación económica, y lo mucho que han aumentado los precios de los productos básicos.

Si observas con detenimiento y de manera honesta tus propios hábitos de consumo, es muy probable que descubras que varios de los gastos que tienes mes con mes, no son necesarios ni de nivel básico. Podrás también entender de qué manera la falta de organización termina obligándote a gastar de más y la forma en la que respondes a la publicidad comprando cosas que no puedes pagar.

No sólo hemos dejado de ahorrar, sino que acumulamos deudas por productos o servicios que no necesitamos.

Este patrón de gastos no sólo afecta nuestra economía familiar de manera inmediata: lastima nuestro historial crediticio, no nos permite hacerle frente a las verdaderas emergencias y se convierte en un patrón que aprenden las niñas y los niños y que muy probablemente repetirán cuando sean adultos.

Si bien es cierto que hay ciertos aspectos de nuestro temperamento que están marcados por la genética y lo biológico, lo que podemos controlar es siempre mucho más importante. Los seres humanos tenemos una impresionante capacidad de aprender y está científicamente comprobado que a través de la disciplina y las metas, podemos cambiar nuestros hábitos de manera permanente.

El ahorro es una de esas actividades que debe hacerse de manera rutinaria. No importa el tamaño de tu salario, o el hecho de que la cantidad que puedas ahorrar mes con mes sea pequeña; lo importante es hacerlo de manera sistemática y ordenada para que se convierta en un verdadero hábito. Así, no sólo estarás imponiéndote una disciplina sana a nivel personal, sino que estarás estableciendo un ejemplo importante para que los más pequeños logren adquirir ese hábito desde temprana edad y les resulte mucho más sencillo hacerlo cuando sean adultos.

La cantidad a ahorrar es una decisión que se debe tomar en familia, y el plazo y destino de esos ahorros deberá compartirse también. De este modo, no sólo se pensará en la parte difícil del ahorro, sino en los tremendos beneficios que trae para todos los miembros de una familia.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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