La popularidad es una circunstancia difícil de juzgar, especialmente cuando se trata de Donald Trump, pero después de casi 100 días en el cargo, parece que el país sigue tan dividido como cuando fue elegido para dirigir los Estados Unidos.

La mayoría de los presidentes sufren problemas de aprobación a lo largo de sus mandatos, y es probable que si Hillary Clinton hubiera ganado las elecciones en noviembre pasado, la nación también estaría dividida, por eso los primeros 100 días son un momento único que sirve para tomar el pulso de la gestión del nuevo presidente.

Pero Trump, según él mismo ha tuiteado, considera positivo tener casi el 50 por ciento del apoyo de la población, por el tiempo que lleva al frente de la Casa Blanca, aunque contaba con el 59 cuando juramentó el cargo el 20 de enero.

Por ahora, no cabe duda que el país, y el resto del mundo, ya están acostumbrándose a su estilo inusual y sus tuits, que han pasado a formar parte de una especie de nueva normalidad política, al proporcionar una señal útil para saber lo que está pensando.

Sin embargo, algunos de ellos, por desgracia para él, han sido algo imprecisos, como su tuit muy publicitado de que un contingente de la “Armada” estaba en camino a la península de Corea, cuando en realidad resultó, que en ese momento en particular, iba en la dirección opuesta, rumbo a Australia.

Ante esta circunstancia, es improbable que Trump se sintiera intimidado por toda la publicidad negativa que generó esa observación, y es que sus acciones demuestran la desconfianza que le provocan los medios, a los que siempre endilga la responsabilidad de crear supuestas noticias falsas en torno a su gestión.

En todo caso, el Presidente ha sobrevivido sus primeros 100 días con algunos logros sobre los que presumir, como por ejemplo su éxito en conseguir que su candidato nominado a la Corte Suprema fuera confirmado por el Senado.

Tener la aceptación del país es obviamente importante para él, porque quiere sentirse presidente de todos, pero también, determinantes son sus buenas relaciones con el Congreso, para impulsar la legislación que puede hacer la diferencia, entre el éxito o el fracaso de su administración.

Puede que tenga a su elegido el juez Neil Gorsuch en la Corte Suprema, pero todavía no está cerca de persuadir al Congreso para que apoye su proyecto de ley de reforma sanitaria para reemplazar el Obamacare. Los republicanos de alto rango han desestimado sus llamados para avanzar rápidamente, por falta de consenso para una toma de decisión.

Todavía, ni la Casa Blanca ni en el Partido Republicano han encontrado una solución que satisfaga tanto al Congreso como a los partidarios de Trump en todo el país.

El tema de inmigración y los intentos de prohibir las visas para ciertos países están por ahora en punto muerto: un tema que por cierto no fue tratado con mucha delicadeza por uno de los miembros de su gabinete, el General John Kelly, secretario de Seguridad Nacional, cuando durante un discurso mandó a “callar” a aquellos que critican los nuevos procedimientos sufridos por algunas personas en los aeropuertos, justificando que sus funcionarios solo estaban cumpliendo las leyes aprobadas en el Congreso.

Actitudes como esa, seguro que complacerán al 50 por ciento que está con Trump, pero no hará nada para aplacar al otro 50 por ciento que está en su contra.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Crees que el medio centavo de impuesto adicional ha mejorado el transporte público en Miami-Dade?

Sí, lo necesario
Sí, pero no lo suficiente
No, en lo más mínimo
No, ha desmejorado
ver resultados

Las Más Leídas