Para calificar una canción, se necesita valorarla en su conjunto, es decir tanto en texto como en línea melódica, ya que la canción es una combinación de esos dos factores y un buen texto con una pobre musicalización, le corta las alas a la obra que sea, tanto como una buena musicalización con un mal texto.

Eso, en sentido general funciona, aunque hay una serie de factores colaterales que inciden en que una canción resulte un éxito y aún más, trascender hasta llegar a ser un clásico.

El intérprete es un factor vital, todos hemos visto grandes canciones interpretadas por un cantante o entidad artística (grupo, orquesta, etc.) que no han trascendido, debido a interpretaciones carentes de un buen arreglo o una intención equivocada del cantante, mientras una canción intrascendente por su calidad, se vuelve éxito gracias a una campaña eficaz, repetición en la difusión masiva, prestigio del intérprete o moda de género en que está hecha y sobre todo, por una frase que “se pega” en el gran público.

Aunque hay personas que se aprenden las canciones que le gustan, mediante diversas vías, desde la repetición de escuchas hasta You Tube o algún que otro cancionero - casi desaparecidos, por lo general- lo que realmente garantiza el éxito de una canción es quién la canta y alguna frase de ella.

Hay como una especie de chiste entre músicos cubanos acerca de recordar letras con uno de los grandes clásicos del son: “Esas no son cubanas”, de Ignacio Piñeiro. Una de las estrofas dice:

“… Las que no sean de talle gracioso,

Andar zalamero con gracia sin par,

Esas no son cubanas…”

Casi todo el mundo la recuerda, pero la que viene después, menos de un 5%. ¿La recuerdan Uds.?, si lo hacen los felicito.

“Si no subyugan sus ojos divinos

Y con amor le borran todo su pesar

Esas no son cubanas”.

La cubana es la perla del edén…etc.

La mayoría del público recuerda de una canción una frase, así que todo depende de la difusión; si el diamante Kohinoor, hubiera estado en una gaveta y sólo unos pocos supieran de su existencia no tendría el valor de hoy, que no siendo el más perfecto, es el más conocido y a su valor intrínseco se le suma el valor histórico que posee.

Las canciones que pudieran calificarse en cuanto a texto y música como diamantes, aunque sea en bruto, esperando por ser pulidas no se ven, no son parte de la moda, ocultadas por la nube de groserías que se ha refugiado en el reguetón, que no es por sí grosero, pero es la música de moda. No creo que existan géneros groseros, la vulgaridad y la falta de clase la aportan los que los divulgan; no todos los que practican el género o modalidad son soeces, pero sí es cierto que existen supuestos artistas que se distinguen por una pizca de ingenio para conformar una frase y el atentar contra la educación y las buenas costumbres como línea de trabajo, que después distintos mecanismos con acceso a la promoción y publicidad premian. Pero no es sólo el reguetón, en otros géneros o modalidades pasa lo mismo.

¿Quiere decir esto que ya no se hacen canciones con textos elevados y buena música? No, sí se sigue haciendo arte desde la canción, el problema está en que ese tipo de creación no posee el vehículo ni la inversión para ser escuchado y disfrutado.

Parte de la prensa y algunos medios masivos han optado por terminar su tolerancia y cada día se ven críticas más acerbas a la vulgaridad e irrespeto de algunas canciones, la crítica recae sobre aquellos reguetoneros que se distinguen por su extrema grosería, pero realmente no veo críticas a los verdaderos responsables, que son los encargados de la difusión.

Si Ud. es autor de una pieza, no es responsable que se la difundan, pues todos sabemos que, para una pieza el ser difundida depende de una inversión en promoción y publicidad y otros factores, incluyendo la pagola o payola, como se le llama el pago “por debajo de la mesa” a distintas instancias de una emisora, que es una pandemia en la radiodifusión internacional. Si Ud. hace una canción en base a groserías y se la difunden, pues sigue trabajando esa línea y es la difusión quien estimula la creación e impone la moda.

Prohibir no es la solución, nunca se debe optar por prohibir, sólo hay que mirar a Cuba, un país donde “lo que no está prohibido, no está autorizado”; sin embargo, sale de la Isla una cantidad de textos de baja calidad impresionante e indigno de un país con esa tradición.

No se trata de expresiones contestatarias ni de palabras obscenas o de extrema crudeza, la poesía urbana puede ser violenta, pero válida, según la intención del cantante como se demostró en la época de mayor persecución a Aldeanos y otros raperos. El reguetón que más se difunde atenta directamente contra la urbanidad, no contra el establishment, y quizás haya quien piense que podría dosificarse en la radio y los medios masivos en general, pero el verdadero problema estriba en que no hay forma de controlarlo, porque el medio en que más se difunde es el de las redes sociales, al punto que antes era - hasta cierto punto - lo más natural del mundo, ver la repetición de una noticia, evento o lo que fuere en Facebook, Twitter, You Tube, etc. pero hoy es al revés, cada día se ven más programas en los grandes medios masivos dedicados a noticias y eventos salidos en las llamadas redes sociales de Internet.

Así que: ¿Remedio?

Grandes dosis de paciencia y esperanza además de buscar aquellas obras que toquen los temas más oscuros o diáfanos, pero con la elegancia que hace la vida más agradable al ser humano.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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