Luego de cumplir el rito de rigor, colocársele de hinojos, besarle el anillo de su mano izquierda, de hacerle numerosas reverencias, Giuseppe Messina (a) “Azuquita” tomó asiento en una de las butacas que el capo di tutti capi, le señaló, condescendiente, con el índice de su mano izquierda.

—Gracias, muchas gracias, don Vito, por recibirme.

“Azuquita” contabilizaba varias decenas de asesinatos, incluidas madres, hijos y nietos de sus objetivos, cuando estos últimos se tornaban, en exceso, reluctantes. Consejas, también se tejían en su contra por extorsión, usura, secuestros, torturas. No obstante, su fuerte eran, y seguían siendo, los asesinatos por encargo.

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—Placer de tenerte por aquí, “Azuquita”. Disculpa haberte hecho esperar varios meses para recibirte. ¡Son tantos los problemas de nuestra organización, que a veces uno abusa de la paciencia de las personas que más quiere. Pero dime, ¿cómo está Alessandra?

—Muy bien, don Vito. Esperando familia para el próximo mes de abril. Estamos muy felices.

—¡Ah picarón! ¡Pecando, todavía? ¿Y mi ahijado Benedetto? ¿Qué grado esta cursando?

—Está en el sexto, don Vito. Le manda a decir que el regalo de navidad le ha gustado muchísimo.

—“Azuquita”, sabes que amo a ese hombrecito. Y por cierto, Antonella, la mayorcita, ¿cuándo completa el bachillerato?

—Ya es toda una mujer, don Vito. Muy bella, como su mamá. Le faltan dos años, todavía. Por cierto, don Vito, es por Antonella que le he pedido esta audiencia. He tenido la satisfacción de haber enviado a mis hijos a las escuelas más costosas, pero ahora, me están discriminando a Antonella en la escuela. Dicen que es la hija de un gangster, le rehúyen, no la invitan y la chica está sumida en la melancolía.

—¿Y por qué no me lo informaste antes? No te ibas a encargar tú mismo de un asunto que te afecta en lo personal. Podemos mandar a otro integrante de la organización para que arregle lo que haya que arreglar.

—Muchas gracias, don Vito. Pero he pensado en otra cosa. Usted lo sabe. Soy un hombre disciplinado. No bebo, no fumo, no juego, no mujereo. Tengo un dinerito ahorrado y me gustaría retirarme. Todo para terminar de levantar a mis hijos de manera normal. He pensado en montar una galería de tiro. Al final, es mi especialidad. Por eso he venido, don Vito. A pedirle permiso. Usted sabe que no hago nada sin su permiso. Si lo prefiere, me regreso a Sicilia.

—¡No tienes que mudarte a ninguna parte, “Azuquita”. Puedes irte o quedarte. Tienes mi autorización, para hacer lo que prefieras.

El encuentro se selló con un prologado abrazo.

La mañana siguiente, a las 7:34, el cadáver de “Azuquita” fue hallado con el torso echado sobre el volante de su vehículo. Le metieron un tiro en la nuca, al detenerse, para atender la luz roja de un semáforo.

Maduro, no puede renunciar. Ni aceptar elecciones limpias. No se lo permiten sus propios capos del narco, del terrorismo, de la corrupción industrializada, de la depredación del medio ambiente. Si sale de la Presidencia, no lo van a capturar el FBI, la DEA, ni los alertas rojas de Interpol. Quienes lo van a ir a buscar, hasta los más lejanos confines, serán sus propios compinches. Para callarlo para siempre. Ingenuo creer que un hombre que el mes pasado desconoció las votaciones de alumnos en la Federación de Centros de Estudiantes, de la Universidad de Carabobo, vaya a aceptar una elección Presidencial que arriesga su propio pellejo. No basta la presión interna para deponerlo. Imposible, sin el apoyo decidido de la comunidad internacional. No es un problema político. Es materia de crimen organizado trasnacional. Igualita a la relación entre “Azuquita” y don Vito.

@omarestacio

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