Tergiversación de la verdad, revisión exhaustiva de textos, censura, propaganda oficialista excesiva y exageración en los temas que más le interesaban a la dictadura son algunas de las pautas que rigieron el periodismo durante la llamada “Era de Trujillo”, en República Dominicana, entre 1930 y 1961.

Pero sin ir tan lejos, en materia de tiempo, ese es el mismo fenómeno que hemos venido observando en regímenes como el castrista y desde hace un poco menos de dos décadas en la Venezuela que maneja a su antojo el chavismo y su engendro en el poder, Nicolás Maduro.

Es claro que todas las dictaduras tienen un mismo patrón de conducta. Su primer y consabido paso es tomar el control absoluto de la prensa, conocedores de que la información es un activo que genera poder a quien la puede controlar y miseria a quien tiene que consumir solo lo que el dictador quiere que se conozca.

Ese modelo represivo calcado de los Castro, en Cuba, tiene a la prensa en Venezuela en una encrucijada constante. Una cámara o un micrófono en frente de un funcionario al servicio del régimen, puede convertirse en una amenaza a la integridad de un reportero. Por ende cerrar los medios o asumir su manejo es la mejor opción para quienes detentan el poder.

De tal suerte, ejercer el periodismo independiente en medio de un sistema opresor como el venezolano es casi una utopía. En la mayoría de los casos, aquellos comunicadores valientes que se resisten a doblegarse terminan desaparecidos o con órdenes de detención. En otras palabras, un periodista que no trabaje para los intereses del tirano es un enemigo que debe ser acallado.

Este es el pan de cada día en los medios venezolanos que han terminado bajo el usufructo de una dictadura que debe seguir la línea trazada desde La Habana. Así las cosas, ejercer el periodismo objetivo y ecuánime que inculcan en la academia se ha convertido en una norma obsoleta que solo sobrevive en los libros sobre la materia.

Es hora de que el mundo ponga sus ojos en la necesidad de recuperar la autonomía de la prensa como vehículo para restablecer una democracia que ha sido herida de gravedad por un puñado de oportunistas que si no son detenidos de alguna forma, seguirán usando a los medios de comunicación para perpetuarse en el poder y viendo a los periodistas que no comulgan con su filosofía como las voces que deben ser silenciadas con mordazas o fusiles.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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