sábado 21  de  febrero 2026
OPINiÓN

Noticias, medias verdades y otras historias

Las noticias falsas o distorsionadas no son algo nuevo, y afecta tanto a Estados Unidos como Europa y América Latina
Diario las Américas | SONIA SCHOTT
Por SONIA SCHOTT

El legendario Orson Welles siempre será recordado por su película Ciudadano Kane (1945), sobre un periodista que investiga las últimas palabras de un magnate de los medios, pero también por el caos que creó tras su dramatización radial de la novela de ciencia ficción La Guerra de los Mundos, sobre una invasión marciana a la Tierra, en octubre de Halloween de 1938.

Wells logró que sus oyentes creyeran que nuestro planeta estaba siendo invadido por extraterrestres, creando un estado de histeria colectiva.

Aunque el número de oyentes no fue tan alto, como sugieren sus biógrafos, lo cierto es que el suceso se convirtió en parte de la moraleja sobre el impacto de los medios en la opinión pública.

Las noticias falsas o distorsionadas han sido parte de los medios mucho antes de que las nuevas plataformas sociales existieran.

“Durante la década de 1890, los editores de periódicos rivales Joseph Pulitzer y William Hearst competían por la audiencia a través del sensacionalismo, reportando rumores como si fueran hechos, sinónimo de ‘periodismo amarillista’. Sus inverosímiles noticias desempeñaron un papel importante en la conducción de la guerra hispanoamericana en 1898, entre España y Estados Unidos. Finalmente, hubo una reacción violenta contra la falta de integridad periodística: el público exigió fuentes de noticias más objetivas y confiables, lo que creó un nicho del que The New York Times aprovechó. El periodismo amarillista fue menos común hasta que el auge de las noticias en la web lo trajo de vuelta y con mayor fuerza”, argumentó una publicación del Centro de Estudios Tecnológicos y Sociales de la Universidad de California (CITS).

Hace unos días, el presidente Joe Biden anunció que habría suficientes dosis de vacunas a finales de julio para inocular a 300 millones de estadounidenses contra el COVID-19, pero el mensaje no tuvo el impacto deseado porque todavía hay muchos que creen que la pandemia es un engaño o que la vacuna representa un peligro mortal para la salud.

“Mucho antes de que la primera aguja perforara la piel para administrar la muy esperada vacuna COVID-19 de Pfizer / BioNTech, las redes sociales estaban plagadas de especulaciones y alarmismo”, planteó un artículo hecho público en enero pasado en The Atlantic, una de las más antiguas publicaciones de Estados Unidos

Y continuó: “Junto a las preguntas pertinentes sobre la seguridad, la eficacia y la rapidez histórica de la producción de la vacuna, había teorías de conspiración: que la vacuna era insegura, insalubre y en sí misma el producto de una conspiración. Algunos afirmaron que la vacuna alteraría su ADN o contraerían la enfermedad. Otros afirmaron que la vacuna contenía un microchip, quizás colocado allí por Bill Gates, que se conectaba a torres de telefonía móvil a través de la tecnología 5G para permitir la vigilancia de la población. Estas narrativas son persistentes y se entrometen en el mundo real: en Wisconsin, un farmacéutico saboteó deliberadamente 57 dosis porque pensó que la vacuna cambiaría el ADN de las personas”.

El tema no solo afecta a Estados Unidos, sino también a Europa y América latina.

Anteriormente, vacunas para enfrentar la poliomielitis o el cólera fueron recibidas con optimismo, pero ahora la desconfianza reina.

Es cierto que hay preocupación sobre la velocidad con que se produjeron las vacunas, pero la comunidad científica mundial dedicó tiempo y recursos sin precedentes para desarrollarlas.

Con alrededor del 11% de la población estadounidense inoculada, hay razones para creer en el éxito, siempre y cuando las personas decidan vacunarse pues las noticias falsas han sembrado escepticismo.

La política también comparte responsabilidad.

China prohibió recientemente, por motivos políticos, las transmisiones de la BBC alegando que propagaban noticias falsas, luego de que el canal de noticias británico realizara un reportaje sobre los maltratos a una minoría étnica en la nación asiática.

El proyecto FactCheck.org de la Universidad de Pennsylvania identifica algunas señales para reconocer noticias falsas: un autor anónimo, signos de exclamación excesivos, letras mayúsculas y errores ortográficos, así como ruegos que ¡Esto NO es un engaño! y enlaces a fuentes que no respaldan o contradicen completamente las afirmaciones realizadas.

Existe una relación entre algoritmos de redes sociales, sistemas de publicidad y personas listas para hacer dinero fácil con historias falsas y está en nosotros romper la espiral de la desinformación.

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