jueves 30  de  abril 2026
OPINIÓN

Nuestro No en la Colina

El nuevo museo de la Brigada 2506 en Miami honra el legado de quienes se opusieron al comunismo cubano.

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

“Nunca, nunca, nunca te des por vencido.”- Winston Churchill

Se inauguro el nuevo museo de la brigada 2506. Con él llego el fin de una pequeña y humilde casa en la pequeña Habana que albergó recuerdos, lágrimas y testimonios, las fotos de los caídos en combate en Girón y también de quienes fueron dejando sus vidas en el exilio. Fue el hogar que los mantuvo unidos, el punto de encuentro, el rincón familiar de entrañables abrazos.

Quedan vivos alrededor de 200 de esos valientes hombres que conforman la Brigada 2506, pero para ellos, antes de marcharse de este mundo es un compromiso moral dejar constancia de los valores que los llevaron a liberar su patria. Esa constancia la dejaron en Girón con su sangre hace 65 años, hoy la dejan en Miami con las nuevas tecnologías, los testimonios, y todo lo que encierra un nuevo museo moderno dispuesto a preservar y enseñar a futuras generaciones el poder de las convicciones, la fuerza de la razón.

Cuando los miembros de la Brigada 2506 fueron a la guerra pesaba sobre sus jóvenes hombros, el dolor de la patria perdida, la patria enlutada. La patria que había que rescatar de los fusilamientos que se habían apoderado del país, no solo porque un grupo de desalmados lo imponían con la fuerza. Pero porque un pueblo enardecido se dejó arrastrar por la histeria colectiva que los lanzó a las calles a pedir la muerte, sin pensar que, con ello,daban paso a la más cruel de las doctrinas, el comunismo.

Mis recuerdos de niñez de aquellos días son muchas veces en blanco y negro. Provienen de las imágenes de las pantallas de los televisores mostrando el trágico momento de un hombre, al que los disparos de un pelotón de fusilamiento compuesto de cubanos ponían fin a su vida. Ahí quedaron plasmados en blanco y negro para la historia los orificios en sus cuerpos, los que caían en una zanja doblados por el disparo, sin juicios previos y sin misericordia.

¿Hoy me pregunto por qué se le impuso a un país semejante horror? De niños tuvimos que estar expuestos a aquella barbarie que, por mucho que nos trataban de proteger para no verla, surgía en los diarios, en las revistas, en las constantes imágenes de los televisores como advertencia. Las calles eran ríos de turbas cargadas de odio. Los cubanos, poseídos por una extraña maldición, habían olvidado decir NO.

Regreso a las convicciones. La de heroicos hombres que escogieron su destino con un simple NO. Se negaron a ser parte de la barbarie, del horror. Fue la hora de partir hacia lo incierto, con su destino en las manos de Dios y las de ellos aferradas a la cruz de su emblema. Dijeron NO y mil veces NO a la indignidad de someterse a los dictámenes de un tirano. Cargaron con su valor guiados por su deber y tragándose el miedo. Vieron a sus compañeros morir, sobrevivieron prisión y como dijo Rafael Montalvo, presidente de la Brigada, nunca dejaron de pelear por esa Cuba que juraron defender hasta la muerte. Dijeron un rotundo NO a la opresión que se adueñaba de una desdichada isla y el tiempo les dio la razón porque Cuba sigue esclavizada 67 años después.

En la inauguración del nuevo museo, el congresista Carlos Giménez habló de la batalla que se libra también hoy en el Congreso de los Estados Unidos por legisladores hijos de cubanos. Mario Díaz Balart y María Elvira Salazar, de los tres Carlos Giménez es el único nacido en Cuba y que siendo un niño también vio a sus familiares partir hacia aquella aventura incierta de liberar a Cuba. Tres hijos del exilio. Durante su discurso, Giménez se refirió a la importancia de sus votos en el congreso. Siempre un NO cuando se trata de concesiones a la dictadura de Cuba en esa colina en Washington donde descansa el Capitolio y donde tantas veces ha muerto cada intento de ayudar al régimen de Cuba. Votos que serán siempre No en contra de cualquier arreglo que no conlleve a la plena libertad de nuestra isla. Batallas que comenzaron con los primeros congresistas cubanos, Iliana Ros Lehtinen, Lincoln Díaz Balart y los aliados a la causa de una Cuba libre.

Las palabras del congresista Carlos Giménez me recordaron una anécdota de la periodista Oriana Fallaci sobre lo que es uno de los monumentos más hermosos a la dignidad humana y está en una colina en Grecia. No es una estatua o una bandera, ni siquiera un edificio. Son tres letras griegas; o-x-i,oxi, la palabra NO. Hombres sedientos de libertad las pintaron en los troncos de los árboles durante la ocupación nazi. Los militares las cubrían con una lechada blanca una y otra vez, pero de nuevo como por arte de magia, la lluvia o el sol eliminaban la pintura que intentaba obliterarlas y de nuevo surgía el NO, terco, desesperado, indeleble.

Así somos los cubanos del exilio. Así son los congresistas y el secretario de Estado Marco Rubio, también hijo de exiliados, cuando se trata de Cuba. Un perenne NO a todo lo que sea menos que la libertad total para la patria esclavizada. No nos transamos por una Cuba subyugada ni por un pueblo sufriendo humillaciones.

De esa fibra estamos hechos, el tiempo ha curtido ese NO en nuestras conciencias y nuestros corazones. Corre por nuestras venas.Nunca nos someteremos.

Recuerdo al principio del exilio unos afiches en las manifestaciones que decían “Cuba Sí, Castro No”. Ahí nació ese NO imborrable, era la voz de los presos políticos, hombres y mujeres plantados, era la voz del cubano que optaba por el destierro. ¡Era el mandato de cada cubano que antes de ser fusilado lanzaba el grito de Viva Cristo Rey! Es el NO nuestro porque los culpables son el clan de los Castro que aún siguen en el poder y sus sicarios que se han adueñado de esa infeliz y ultrajada isla. Ese NO es también nuestro monumento. Es el NO que se escucha aun en las cárceles cubanas, en las calles de los que dentro de Cuba desafían al tirano. Es el NO de los que estamos fuera de la isla que seguiremos diciendo un NO rotundo a la opresión, a la infamia y la crueldad.

El ultimátum está dado por el presidente Trump: dejen a Cuba ser libre. Estados Unidos no está dispuesto a seguir tolerando a un régimen enemigo a 90 millas de sus costas. Queremos una Cuba que pueda entrar al siglo 21 con todos los derechos que merece un ser humano, con la modernidad de los tiempos y los valores de antaño. Por eso sigue vivo ese NO en una colina en Washington ese NO que también nos prohíbe olvidar, ese NO que nos obliga a desafiar los dictámenes del opresor, ese NO terco, desesperado, indeleble, para que nunca más un cubano viva sometido a la infamia de la opresión.

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