miércoles 12  de  junio 2024
OPINIÓN

¿Podremos renunciar a la energía fósil?

Visión analítica desde Washington DC, la capital del país, donde el poder y sus efectos tienen otra perspectiva
Diario las Américas | SONIA SCHOTT
Por SONIA SCHOTT

Un reciente informe de Naciones Unidas (ONU) sobre el cambio climático, realizado entre 2010 y 2019, alerta que las emisiones de carbono nocivas “nunca han sido tan altas en la historia de la humanidad”. Es una prueba de que el mundo está en una "vía rápida" hacia el desastre, según el propio secretario general, António Guterres.

Los científicos llaman a limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados, unos 2,7 grados Fahrenheit.

Aunque el estudio se realizó en un periodo previo a COVID-19, que según las imágenes satelitales ocasionó caídas dramáticas en la contaminación del aire, también “son un recordatorio gráfico de que la crisis climática continuará cuando pase la pandemia”, sostiene Human Rights Watch en un artículo de Daniel Wilkinson y Luciana Téllez Chávez.

Asimismo, la ONU proyectó un incremento de la población mundial de 7.700 millones a casi 10.000 millones para 2050, lo que demandaría mayor uso de energía, especialmente empujada por las economías emergentes o los llamados países BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

Por añadidura, después de una paralización casi total por la pandemia, era lógico que hubiera urgencia por reparar el daño causado a la economía global y el uso de la energía fósil continúa siendo la vía más fácil.

Según el Escenario de Desarrollo Sostenible de la Agencia de Información de Energía (AIE), el gas natural y el petróleo proporcionarán casi la mitad de la energía del mundo en 2040, incluso si todas las naciones cumplen los objetivos del Acuerdo Climático de París.

En todo caso, después de un optimismo inicial por una recuperación económica incipiente, el Fondo Monetario Internacional dio al traste con las expectativas y rebajó recientemente hasta el 3,6% su previsión de crecimiento económico global para 2022.

Y es que a medida que la invasión de Rusia a Ucrania recrudeció, inyectó más incertidumbre al panorama, especialmente si las ambiciones del presidente ruso Vladimir Putin se extienden a Europa del este o si continúa amenazando con recurrir a las armas nucleares, si occidente no acepta sus acciones.

Igualmente, la economía estadounidense se contrajo un 1,4% en los tres primeros meses de 2022, tras un crecimiento del 6,9 % en el cuarto trimestre de 2021, de acuerdo con el Departamento de Comercio.

Sin embargo, la mayor pérdida es para la protección al medio ambiente, rezagada en las prioridades.

Por su parte, la administración Biden espera lanzar un esfuerzo de 6.000 millones de dólares para rescatar plantas de energía nuclear que estaban en riesgo de ser clausuradas, ante la necesidad de mayores fuentes de energía.

Para el Departamento de Energía estadounidense “la energía nuclear es una fuente de energía limpia, de cero emisiones, mantiene el aire limpio mediante la eliminación de miles de toneladas de contaminantes atmosféricos nocivos, que cada año contribuyen a la lluvia ácida, el smog, el cáncer de pulmón y las enfermedades cardiovasculares”.

El tema es que los reactores son caros y toman tiempo en construir, lo que hace que la energía nuclear sea en gran medida irrelevante para la crisis actual y posiblemente para la próxima.

“Un par de reactores nucleares en construcción en el estado de Georgia, están con seis años de retraso y $16 mil millones por encima del presupuesto”, según Steven Mufson y Claire Parker de The Washington Post.

También preocupan los desechos radioactivos que producen las plantas nucleares.

Ahora bien, el hecho de que Rusia pueda librar una guerra costosa en Ucrania, utilizando el chantaje de la dependencia de petróleo y gas rusos, debería ser un argumento suficiente para priorizar el uso futuro de otras fuentes de energía, como la eólica, la solar o la mareomotriz, por ejemplo.

El precio del petróleo y el gas son altamente volátiles y causan problemas económicos y aumento en el costo de vida.

A diferencia de muchos países europeos, Estados Unidos no depende del petróleo y el gas rusos, pero el presidente Joe Biden anunció la prohibición de importar petróleo ruso y para cubrir el déficit, que asciende a alrededor de un millón y medio de barriles, instó a la industria petrolera estadounidense a aumentar la producción.

Actualmente, cerca del 78% de las necesidades energéticas estadounidenses provienen de combustibles fósiles y solo el 12,5% de fuentes renovables.

Entonces, ¿puede haber una oportunidad para el medio ambiente? sólo el tiempo lo dirá.

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