Por Rolando Rodríguez Lobaina*

Prendidas las redes sociales con el tema de cuál opción escoger el 24F en función de la Nueva Constitución que propone-impone la dictadura cubana. Votar Sí, Votar No o sencillamente No Votar serán las únicas opciones probables por las que el pueblo se inclinará.

Lo ideal es que la mayoría de la población saliera a las calles ese día y obligaran al régimen a renunciar del poder que detentan hace 60 años porque los que conocen de política saben perfectamente que ratificar, y lo harán, ese Documento, será el respaldo a la desesperanza para niños, madres, jóvenes y ancianos que viven adentro. Fundamentos sobran.

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Muchos han expuesto públicamente sus criterios y motivos por el que optarán el 24F, al menos en cuanto al rechazo al totalitarismo en la isla. Hablo específicamente a todos los miembros de la oposición cubana, tanto de adentro como de la diáspora.

Las dos opciones de rechazar la Nueva Carta Magna: Votar No y No Votar parecen tener fuerza dentro del espectro cívico cubano a la hora de establecer el derecho al sufragio. Las dos son buenas porque ambas le dicen NO al comunismo eterno que se quiere ratificar, dentro de otros puntos calamitosos para el futuro de la nación. Votar No, en mi modesta impresión parece tener mayores seguidores.

#YoNoVoto es mi elección, no pertenece a ningún plan de conjura que se acerque a los intereses del régimen. Tampoco se basa en la infantil estrategia de que es rechazar todo lo que venga de la dictadura. La sencilla idea de No Votar parte de la clara posición de no tener bajo ningún concepto el control del conteo de los votos. El castro comunismo se ha mantenido vivo, al menos en escrutinio, porque toda la estructura social está articulada para mantener la palanca del movimiento de inercia política de todos sus ciudadanos.

Escalar a un puesto de poder en este país implica obligatoriamente una obediencia incondicional a los intereses de los militares que desgobiernan desde 1959, como también se requiere para optar por la carrera de periodismo, o relaciones exteriores. O un puesto en el turismo nacional, o una misión al exterior. Tanto médicos como entrenadores o trabajadores de cualquier sector están obligados a callar y participar en los planes políticos de la dictadura para poder alcanzar un estatus mejor de vida dentro de la sociedad.

Formar parte del Parlamento o la Asamblea del Poder Popular concierne exclusivamente a los que bajan la cabeza ante los dictámenes de Raúl Castro o el extinto Fidel Castro, así ha sido históricamente. No por gusto siempre llamó la atención que en ninguna de las votaciones realizadas dentro de los salones del Palacio de las Convenciones o ahora en el Capitolio, cuna de la Cámara, salieran manos contrarias a lo disputado. Cuanto más una pírrica abstención. Porque sencillamente todos están obligados a ratificar Sí por la Revolución, sin importar por donde o adonde vaya ésta.

Los ejemplos del plebiscito de Chile el 5 de octubre de 1988 y las elecciones de Nicaragua de 1989, que cambiaron los destinos de esos países bajo dictaduras crueles se suscitaron en condiciones muy distintas. En Chile, aunque los colegios se reabrieron en febrero de 1987, cerrados desde 1973, hubo gran entusiasmo de la oposición para convencer a la población de que fueran a votar NO. Se organizaron para ello y se unieron, tocaron puerta a puerta para llevar el mensaje del rechazo a la dictadura. Desde luego, los partidos de la oposición fueron reconocidos en el registro electoral, se le dieron paso a los spot televisivos para que promovieran su campaña del NO y Estados Unidos había comenzado a cerrarle la llave a Pinochet, antiguo aliado. También artistas internacionales de la talla de Jane Fonda, Christopher Reeve y Sting ayudaron en esos escrutinios al NO. Y por último, en Chile el cómputo de los votos fue televisado.

En el caso cubano, estas condiciones no existen ni remotamente. La oposición se puede decir que comenzó tarde esta promoción del No a la Nueva Constitución, el que conoce bien la estructura de nuestra sociedad llevar el mensaje del NO por la resistencia pacífica es harto complejo porque primero la policía política los persigue implacablemente, tampoco cuentan con recursos necesarios para desplazarse a todos los rincones del país. Un ardid que ha usado el régimen siempre para estrangular de hambre a la oposición y limitar la capacidad de efectividad en su desarrollo cívico. Los partidos políticos no son legales, al contrario, no son sólo hostigados sino que son casi eliminados con todos las artimañas de la presión, las campañas de descrédito, el chantaje a familiares y la división constante. Los medios de información (televisión, radio y prensa escrita) jamás la dictadura cubana los cederá fuera de sus intereses del poder.

En cuanto al apoyo de Estados Unidos a la causa libertaria de Cuba, está demostrado que La Habana ha logrado sobrevivir en conflicto perenne con el vecino del norte. Ha utilizado este factor incluso como una ventaja para mantener al pueblo en jaque en su objetivo siempre de mantenerlo desinformado, un elemento muy vital que le ha permitido al castrismo mantenerse por mucho tiempo en el poder.

La Unión Nacional Opositora (UNO) de Nicaragua pudo vencer porque Ortega, lo reconocen los izquierdistas acérrimos, cometió el error de disputar el poder con una oposición más sólida que la cubana de estos tiempos. La estructura sociopolítica internacionales eran muy desfavorables para el FSLN en 1989, muy distinta a cuando ganó en 1979. Nicaragua es un pequeño país centroamericano dependiente de la exportación de materia prima y le tocó vivir una serie de sucesos que incluyen los cambios sociopolíticos del mundo en la segunda década de 1980. Este caso es más complejo, porque en definitiva Ortega recuperó el poder años después que cambiaran estas correlaciones. Sin descontar que para esos escrutinios la OEA y la ONU estuvieron presentes debido a Los Acuerdos de Esquipulas, suscrito por los 5 presidentes centroamericanos del 7 de agosto de 1987, donde se comprometieron en celebrar elecciones libres y democráticas con observadores internacionales de conformidad con el compromiso.

Venezuela es harina de otro costal, la oposición es más que reconocida dentro de ese país que en Cuba, incluso legalmente. Aun cuando Chávez y Maduro lograron ingeniárselas con ayuda de La Habana, para ir a elecciones y ganar, al menos hasta el 2017, 1039 veces por 399 la oposición.

En Cuba el régimen no cometerá jamás el "error" de Daniel Ortega, como suelen sentenciar. Como mismo juegan con los favores de la democracia de los EE.UU y de otros países que tienen como cultura el respeto a los derechos humanos, a las propiedades y al vecino. Les recuerdo dos ejemplos, por primera vez un Presidente graba las conversaciones con otro Presidente y las hace públicas. Castro-Vicente Fox el 22 de abril de 2002. El segundo, nadie pensaba que un presidente de Estados Unidos vendría a la isla en tiempo de dictadura, como fue el caso de Obama. Peor aún, se cumplirían las palabras del tirano fallecido cuando anunció que los cinco espías cubanos presos en cárceles norteamericanas regresarían a la patria, un favor concedido por esa administración, que hasta los mismos partidarios no logran entender cómo pudo pasar eso.

La Comisión Electoral está compuesta por representantes de la sociedad cubana comprometida de una forma u otra con los hilos del poder. La idea de monitorear las urnas para el conteo de los votos no es mala, pero se sabe que no será efectiva. Nadie que integre las filas de la Resistencia Pacífica podrá acercarse a los distintos colegios electorales, aunque las propias leyes cubanas lo amparen. No obstante, el intento es loable.

No Votar constituye por sí solo la mayor de las condenas posibles al régimen cubano, es más que un argumento. He escuchado muchísimas opiniones de la población en las calles, al menos en Guantánamo, Holguín y Granma. La gente está diciendo que no perderán tiempo en votar, como también en muchos CDR no hay presidentes de esa ONG paramilitar porque no quieren ese cargo, alegan que no cambiará nada, están muy molestos. Si todos los cubanos optaran por NO VOTAR no habrá forma que el régimen justifique un por ciento de votos, porque sencillamente no tendrán hojas ni nombres que rayar en sus listados. Tampoco habrá propaganda porque la televisión oficial no podrá contar con la graficación de participación masiva en las todas las urnas del país.

Me atrevería afirmar que si cada ciudadano se quedara en sus casas, no saliera a trabajar, sin necesidad de salir a las calles a protestar con el temor de que los repriman, provocaría un colapso total en las aspiraciones del castrismo seguir vivo. ¡Con solo un mes! Sería el fin del régimen comunista cubano, pero eso es otro tema que le compete a la misma oposición ponerse de acuerdo en moverse en esta dirección.

En fin, el que conoce cómo se mueven los hilos en este país sabrá que el 24F, la Constitución en cuestión será ratificado. Ojalá que de esta etapa confrontacional contra la dictadura cubana se consolide las buenas voluntades de los grupos de la oposición para trabajar en conjunto de manera responsable. Los retos son infinitos y para vencerlos se precisa de estar unido en estrategia, respeto y sentido común.

*Activista político y director de Palenque Visión

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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