El estado de la Florida es considerado uno de los más permisivos de Estados Unidos en lo relacionado con la compra y posesión de armas.

Cada año, en cada sesión legislativa, los legisladores –sobre todo republicanos– presentan proyectos de ley que buscan ampliar más el acceso del público a rifles, revólveres, pistolas y municiones de todos los calibres.

Pero 2018 fue un año distinto por fuerza de la tragedia. El 14 de febrero un joven de 19 años, exalumno de la secundaria Marjorie Stoneman Douglas, localizada en el condado de Broward, asesinó a 14 estudiantes y tres profesores, y dejó heridos a otros 17 alumnos.

El ataque lo hizo con un rifle AR 15 y su acción demencial duró muy pocos minutos, pero su impacto para la comunidad, para las familias de las víctimas, para los sobrevivientes y para el colegio, durará toda una vida.

Con el tiempo se han conocido detalles de la matanza. La cantidad de indicios de que el asesino confeso, Nikolas Cruz, tenía serios problemas emocionales combinados por un gusto desmesurado por las armas. De manera legal, sin que ninguna ley o revisión de antecedentes criminales se lo impidieran, pudo adquirir el rifle de asalto con el que perpetró el ataque.

Estudiantes, profesores, padres de familia, políticos de los dos partidos, líderes sociales y religiosos se tomaron las calles de Tallahassee para exigir un cambio de rumbo en la legislación sobre armas. En principio, el máximo objetivo era que salieran del mercado unos rifles inventados para ser eficaces a la hora de acabar con una vida.

Ese objetivo no se logró, pero una sesión legislativa atravesada por el dolor y la rabia pudo por primera vez, en más de 20 años, producir una serie de medidas importantes en el camino de limitar el acceso a las armas. La Asociación Nacional del Rifle no estuvo de acuerdo con la ley aprobada por las dos cámaras y firmada por el gobernador Rick Scott.

Republicanos y demócratas sobrepasaron las presiones de esa poderosa organización y se alinearon con el pedido angustioso de las familias y de una nueva generación para actuar y cubrir los múltiples vacíos que permitieron la pesadilla en la secundaria Stoneman Douglas.

Queda mucho camino por andar. Se abrió la riesgosa puerta de armar a cierto personal de las escuelas. Al mismo tiempo se creó la conciencia de que hay que fortalecer la seguridad en los planteles educativos, a través de incremento en el presupuesto para contratar más policías escolares, y fortalecer en los colegios el área de la salud mental con más consejeros y especialistas en esa delicada materia.

Nada volverá a ser lo mismo en el Estado del Sol. Parece que no habrá sido en vano la pérdida de todas esas vidas preciosas a manos de una violencia armada que empieza por fin a sacudir las conciencias.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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