Puerto Rico no puede esperar. Los puertorriqueños mucho menos. El país en pleno sufrió los efectos de un meteoro que ha sido denominado devastador y apocalíptico. Las imágenes, los videos, las fuentes de prensa y las redes sociales arrojan visiones de pesadilla.

La Isla del Encanto ahora está sufriendo las secuelas del paso del huracán María y no puede quedar en la soledad. Ante una emergencia que afecta las vidas más de 3.400.000 personas, los titubeos no son opción. Se trata de quienes quedaron atrapados en una tragedia públicamente anunciada.

Si antes del paso del huracán la predicción científica era que arrasaría con el país, que las aguas alcanzarían niveles insospechados y que pasarían semanas o meses de incomunicación y carencias, es alarmante que hayan pasado 10 días y todo siga prácticamente igual. Cuando la población de una nación está en peligro, lo mínimo es alarmarse, lo máximo es exigir que llegue a ellos lo que les corresponde. Si los titubeos provienen de las más altas esferas del Gobierno, entonces es necesario subrayar que Puerto Rico es parte intrínseca del país económica y militarmente más poderoso del planeta.

Han sido muchos y constantes los llamados a la conciencia de líderes y funcionarios para que se faciliten las vías para salvar a los habitantes de la isla. Mientras los puertorriqueños sortean la falta de todo lo básico para sobrevivir en unas condiciones radicalmente nuevas y difíciles, no han faltado las críticas de que Washington ha perdido tiempo en estrategias dispersas e inútiles en el caso de la isla.

No es necesario mencionar, en una hora tan negra, lo que Wall Street y la banca esperan de la nación y de sus ciudadanos. Tampoco, entretener con una palabra tan inútil como “bancarrota” a quienes, con impotencia, vemos a otras personas sufrir, enfermar, perderlo todo.

Toda ayuda que no sea contundente y coordinada se desvanecerá irremisiblemente, porque se trata de un país colapsado. La crisis es humanitaria, la respuesta a la tragedia debe abarcar esa misma dimensión. Y debe abarcarla ya.

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