Puerto Rico representa el apagón más grande en la historia de los Estados Unidos. Los propios funcionarios de la Agencia Federal de Gestión de Emergencia (FEMA por sus siglas en inglés) declaran que, el de la Isla, resultó el mayor y más duradero desastre natural atendido por sus especialistas. El huracán María dejó en ruinas a un país que ya estaba en crisis. Polémicas aparte, ese país continúa necesitando de los Estados Unidos para avanzar en su recuperación y salir fortalecido hacia un futuro que ampare a todos los boricuas. Es una buena noticia que FEMA permanezca allí durante el largo periodo de tiempo que ya vaticina.

La administración Trump ha comenzado a fundamentar sus actuaciones con planes a largo plazo. Desde el gobierno federal no se habla de reconstruir, sino también de mejorar aquellos proyectos de infraestructura gestionados por el gobierno boricua que adolecen de una buena gestión. Todos los políticos deben contribuir a que la gestión pública esté a la altura de la gestión privada. La ayuda federal no solo tiene que mantenerse, también debe gestionarse a largo plazo y mejor.

Una de las propuestas que más fuerza cobra es la de reemplazar la red eléctrica tradicional por instalaciones de energía solar o eólica. El razonamiento de que nada vale recuperar un país y dejarlo a medias cuando otros desastres naturales podrían reeditar la actual situación a una escala mayor, tiene mucho sentido. Han pasado casi dos meses desde que el huracán María tocó tierra en Puerto Rico y una gran parte de los casi 3,4 millones de residentes de la isla siguen sin electricidad. Ninguna de las agencias que trabajan in situ ha podido determinar cuándo el servicio eléctrico estará completamente restablecido.

Queda mucho por hacer. Las casas siguen dañadas, miles de personas viven en refugios, el agua potable escasea, y sobreviene una crisis de salud. Las epidemias se están cobrando vidas y las enfermedades mentales afloran.

El alto mando del ejército que lideró la ayuda militar después del huracán María deja una misión cumplida en Puerto Rico, pero también la sensación de que EEUU debe investir de autoridad a la junta de supervisión federal que mire con lupa las finanzas de la isla a fin de acelerar su recuperación.

FUENTE: REDACCIÓN

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