miércoles 16  de  septiembre 2026
ANÁLISI

Realidades en una nueva etapa petrolera

No podemos esperar que regresen las condiciones del pasado. Tenemos que construir, con las condiciones del presente, el futuro petrolero de Venezuela

Venezuela, en más de un siglo, ha transitado por distintos modelos petroleros: el régimen concesionario, la nacionalización en 1975, la apertura de los años noventa y la posterior reestatización. Hoy comienza una nueva etapa, marcada por condiciones muy diferentes.

La apertura petrolera de los años noventa se desarrolló cuando la industria contaba con mayor producción, infraestructura operativa y una PDVSA con capacidad financiera, técnica y gerencial.

Ese modelo, fue, basado en licitaciones, con pago de bonos, para lograr constituirse con PDVSA, en empresas mixtas, asociaciones estratégicas y contratos de ganancias compartidas, hoy pertenece a otra realidad.

Este siglo y durante las últimas tres décadas, la industria sufrió desinversión, expropiaciones, deterioro de instalaciones, pérdida de personal y restricciones financieras. Por ello, no debe sorprender que las grandes compañías internacionales no muestren hoy el mismo interés de entonces.

La recuperación dependerá, además de las empresas grandes que permanecieron, también de nuevas empresas pequeñas y medianas, nacionales e internacionales, dispuestas a aportar capital, tecnología y capacidad operacional. Las reservas, por sí solas, no producen petróleo. Se necesitan inversiones, infraestructura, seguridad jurídica y contratos que permitan recuperar el capital y obtener una rentabilidad razonable.

La legislación actual, promulgada este mismo año, contempla los Contratos de Participación Productiva de Hidrocarburos (CPPH), que autorizan negociar, caso por caso, con la participación de PDVSA y del Ministerio.

Este esquema puede ser una herramienta pragmática para recuperar rápidamente producción, instalaciones y mercados.

Venezuela no debe seguir esperando.

Cada año sin recuperar capacidad productiva, significa menos ingresos, empleos y oportunidades. Si existen empresas dispuestas a invertir y asumir riesgos, debemos facilitar su participación mediante reglas claras, transparentes y estables.

Esto no implica renunciar a las grandes compañías internacionales. Al contrario, demostrar que el nuevo modelo funciona puede contribuir a recuperar progresivamente su confianza.

La nación debe preservar la propiedad de los recursos y el Estado ejercer la regulación y supervisión. El sector privado debe aportar capital, tecnología, gerencia y capacidad para asumir riesgos. PDVSA, por su parte, debe actuar como conductor y supervisor, pero también como un socio eficiente y previsible.

La seguridad jurídica es indispensable. Los inversionistas necesitan conocer las reglas, sus obligaciones, los mecanismos de recuperación de inversiones y las vías para resolver controversias. Cambiar unilateralmente los contratos destruye la confianza y aleja el capital.

La recuperación también debe impulsar el contenido nacional: proveedores venezolanos, empresas de servicios, empleos, formación técnica y fabricación de equipos. Cada barril adicional debe generar beneficios más allá de la producción misma.

Venezuela posee reservas, profesionales, tradición petrolera e infraestructura recuperable. El desafío es convertir esas ventajas en producción real.

La nueva etapa no debe medirse por anuncios, sino por inversiones ejecutadas, pozos rehabilitados, barriles producidos, empleos creados y empresas venezolanas incorporadas.

No podemos esperar que regresen las condiciones del pasado. Tenemos que construir, con las condiciones del presente, el futuro petrolero de Venezuela.

Menos nostalgia por la industria que tuvimos y más determinación para reconstruir la industria que necesitamos.

EDGARD ROMERO NAVA

• Fue presidente de la Camara Petrolera, Consecomercio, Fedecámaras y del Consejo Empresarial Andino.

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