La expansión de la dictadura de Cuba bajo denominación de socialismo del siglo 21 o castrochavismo ha destruido la libertad, la democracia, la economía, el estado de derecho, la seguridad ciudadana, pero ha destrozado fundamentalmente la moral social, cambiando normas, valores, costumbres y creencias en los pueblos para someterlos. En los tiempos en curso, es prioridad la recuperación de la moral social como elemento decisivo de la democracia.
La moral es “un conjunto de valores, principios, normas, costumbres y creencias que una sociedad acepta como correctos para orientar la conducta de las personas y distinguir entre lo que se considera bueno o malo, correcto o incorrecto, entre el bien y el mal”. La moral social es la aplicación de este concepto en la sociedad con el “objetivo principal de asegurar la convivencia pacífica, la cooperación y el bienestar general de la comunidad”. Algunas escuelas usan como sinónimo de moral social la “ética colectiva”.
La moral social “no es estática ni universal, varía según la cultura, la época histórica y el contexto social específico”, influyendo en decisiones, acciones, conductas, opiniones y posiciones sobre lo que consideramos “correcto o incorrecto, justo o injusto”.
El papel de la moral social es sustancial en el funcionamiento de la sociedad, pues hace referencia a “la regulación del comportamiento, la promoción de la cooperación, la legitimación del poder, la construcción de la identidad social y la transmisión de valores”, que se reflejan en conductas como “respetar las leyes, decir la verdad, defender la libertad, cuidar el medio ambiente, respetar la diversidad cultural” y más.
La moral de una sociedad democrática no es la misma que la de una sociedad sometida a sistemas dictatoriales como el del socialismo del siglo 21. Han cambiado la moral social en Latinoamérica para legitimar y sostener regímenes fundados en la concentración del poder a costa de la eliminación de la libertad, el estatismo en base a la liquidación de la propiedad y la iniciativa privada, el centralismo terminando la separación e independencia de poderes, la represión con la violación sistematizada de los derechos humanos, el colectivismo acabando la libre organización privada, social y política, y más.
La moral social ha sido cambiada después de un cuarto de siglo de suplantar la política con la delincuencia organizada en Latinoamérica, ampliando la opresión de más de 67 años en Cuba, expandiendo su sistema en Venezuela con Chávez y Maduro, Nicaragua con Ortega y Murillo, Bolivia con Morales y Arce, Ecuador con Correa, e implantando su metodología en gobiernos para dictatoriales como Brasil con Lula, Argentina con los Kirchner, Perú con Toledo y Castillo, Colombia con Petro, México con López Obrador y Sheinbaum. Han suplantado principios, valores, normas, costumbres y creencias.
Desde el poder y con delitos violentos han impuesto constituciones y leyes que en lugar de proteger la libertad y los derechos humanos los violan, son las “leyes infames” que han deteriorado y en ocasiones liquidado los principios de respeto, justicia, honradez, lealtad, suplantando el “estado de derecho” por el “terrorismo de Estado” con persecuciones judicializadas en base a acusaciones falsas y prueba falsificada. Han cambiado el respeto a la ley por “resolver”, la palabra mágica que representa hacer cualquier cosa para sobrevivir, impuesta como nueva moral al oprimido pueblo cubano y expandida en las Américas.
La comisión de delitos desde y en el poder con impunidad a partir de la desaparición de los elementos esenciales de la democracia, tiene su versión en el narcoestado plurinacional de Bolivia con Evo Morales que expresó: “cuando me dicen que algo es ilegal yo le meto nomás”. Y como él, le metieron nomás los socialistas del siglo 21 en toda Latinoamérica y detrás de ellos varias generaciones que han adoctrinado y modificado con el cambio de los sistemas de educación y de los contenidos básicos, con la propaganda pública, con el premio a la corrupción y con el ejemplo de la impunidad.
La impunidad destruye la moral social e implanta una nueva que sostiene el crimen. Se expresa en la extensa cadena de delitos e instalación de narcoestados y fraudes con incuantificables fortunas e impunidad de los Castro de Cuba, de los Chávez y Maduro de Venezuela, de los Correa de Ecuador, de los Morales y Arce de Bolivia, de los Ortega y Murillo en Nicaragua, de los Petro en Colombia, los K en Argentina y de todos los que detentaron y detentan el poder del castrochavismo, sus entornos, familias, grupos de interés y de todo el grupo criminal.
La moral social socialista sostiene la comisión de delitos altamente lucrativos con cuyo rédito pueden pagar fiscales y jueces, pasar un tiempo en prisión pero salir millonarios y luego comprar imagen adquiriendo con el dinero mal habido medios, empresas e incluso honores y financiarse un lugar en la política y la democracia.
Es primordial reponer y reconstruir la moral social a partir de la revisión de los sistemas y contenidos educativos, el ejemplo de los gobernantes, la eliminación de las leyes de la dictadura, la no impunidad y la separación del crimen organizado de la actividad política. Urge volver a entender y transmitir a las nuevas generaciones que el éxito es resultado del trabajo, el estudio, el esfuerzo, la honradez, la lealtad, la gratitud, la justicia, el respeto…..y no de delinquir con impunidad.
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
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