Después de siete meses de cohabitación involuntaria con el coronavirus, se ha declarado estado de rebeldía en algunos sectores de la sociedad por no estar de acuerdo con las medidas de distanciamiento físico sanitario, que han transformado la vida de todos.

Y ahora, incluso, cada vez más personas se niegan a siquiera considerar una posible vacuna contra el COVID-19, como la solución perfecta para enfrentar la actual crisis de salud.

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Una encuesta publicada por USA Today mostró que dos tercios de los votantes estadounidenses dijeron que no querían ser los primeros en someterse a una inoculación, mientras que uno de cada cuatro dijo rechazar categóricamente la profilaxis del virus.

Los resultados del sondeo denotan que cada vez hay más personas que mantienen serias reservas sobre una inmunización general, ya que temen que un proceso apresurado, conducido por la comunidad científica, los convierta en conejillos de Indias.

Por lo pronto el presidente Donald Trump ha generado todo tipo de expectativas al anunciar la posibilidad de que una vacuna pueda estar lista tan pronto como el próximo mes, asegurando que millones de personas podrán tener a su alcance la protección necesaria contra el virus.

Quizás no debería sorprendernos que haya tantos escépticos, pero el punto es que, si hay una vacuna disponible para fines de octubre, tal vez no contemos con la aceptación generalizada por parte del público que justifique la enorme inversión.

En todo caso, bajo la Operación Warp Speed, que busca acelerar el proceso de la vacuna, múltiples agencias de la administración estadounidense han estado dirigiendo tanto el desarrollo como la producción de unos 330 millones de dosis para enero, además de buscar asegurar los tratamientos médicos para quienes ya estén infectados con el virus.

El propio director ejecutivo de la farmacéutica Pfizer, el Dr. Albert Bourla, una de las compañías que está produciendo una vacuna contra el COVID-19, aseguró recientemente “tenemos muchas posibilidades de que sepamos si el producto funciona a finales de octubre. Y luego, por supuesto, es trabajo del regulador el emitir una licencia o no”.

El problema es que todo el tema se ha vuelto tan político, dentro y fuera de Estados Unidos, que incluso se puede hablar de una férrea competencia entre poderes, por ser el primero en anunciar la disponibilidad de una vacuna segura.

Por ejemplo, cuando Rusia dio a conocer que tenía una vacuna, surgieron sospechas inmediatas en todo el mundo. La conclusión instintiva fue que la solución rusa no era creíble y no se podía confiar en ella porque se dudaba de que se hubiera cumplido con todas las fases de seguridad.

¿Podría decirse lo mismo de una vacuna producida aquí en Estados Unidos? ¿Sería demasiado pronto?

De cara a las elecciones, obviamente lo ideal sería tener una vacuna antes del 3 de noviembre, teniendo en cuenta que las colas de gente votando en medio de la peor pandemia desde la aparición de la pandemia de gripe de 1918, también conocida por gripe española.

Ante los temores de una politización del tema, un grupo de casi 400 expertos en enfermedades infecciosas y salud pública instó a la Administración de Alimentos y Medicamentos, FDA por sus siglas en inglés, a conducir revisiones completas a fin de asegurar al país la viabilidad de la vacuna.

Sin embargo, si todos empiezan a darle la espalda a una vacuna que pueda salir este año, las repercusiones políticas podrían ser significativas por la confusión por falta de confianza.

La respuesta es total transparencia de procedimientos para ganar la confianza popular.

Hay cierta ironía en la situación porque, por una parte, la gente parece estar más dispuesta a tomar el riesgo de no respetar la distancia o no usar una mascarilla al asistir a eventos públicos, como bodas, celebraciones y, sí, incluso reuniones de campaña política donde se mezclan con decenas, cientos o miles de personas pero no desean ‘ponerse en peligro’ al aplicarse la vacuna en la que supuestamente no confían, como la vía para retornar a una normalidad post pandemia.

Aunque la actual situación es apremiante, tomar el tiempo necesario para llevar a cabo suficientes ensayos en humanos y verificar todas las pautas médicas y científicas aún puede proporcionar espacio para una ventaja política, bajo la promesa de un futuro pleno que no esté muy lejano.

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