El líder de la mayoría republicana en el Congreso, John Boehner, tiene el trabajo más difícil de todos; el de domar a un partido dividido mientras que los contrincantes no lo están. Un último ejemplo de esto es el voto del jueves sobre los sellos para alimentos. n Debido a la necesidad de cortar los gastos federales, el proyecto de ley aprobado por la Cámara de Representantes busca recortar esta asistencia federal conocida en inglés como u201cSupplemental Nutrition Assistance Program u201d o SNAP, en $40.000 millones en diez años, o sea, 5% de lo que el Gobierno calcula será el gasto en una década.
Sólo el año pasado, el Gobierno federal pagó casi $80.000 millones en sellos alimenticios. nPara algunos republicanos el recorte es demasiado y para otros no lo suficiente.
A comienzos de la semana, el congresista Frank Lucas (R-OK), el Chairman del Comité de Agricultura dijo: u201cYa veremos lo que los miembros de la Cámara definan qué es suficiente o no u2026 he llegado al punto de que ya no puedo medir el Congreso. u201d n
La razón por la cual ni Lucas ni Boehner ni muchos más pueden fácilmente medir el clima político dentro del Congreso es por el Tea Party, pero no por la razón que muchos creen.
El Tea Party no es un grupo homogéneo, algunos son libertarios, otros republicanos, hay quienes favorecen la intervención militar en Siria y otros que se oponen rotundamente.
Lo único que une al Tea Party es querer reducir el tamaño del Gobierno federal que no sólo ven como intruso, sino que pone en peligro las libertades fundamentales estrictamente interpretadas por la Constitución. nPara lograr este propósito, así como eliminar los fondos para el u201cAffordable Care Act u201d mejor conocida como Obamacare, los republicanos usan tácticas políticas sin preocuparse de las consecuencias.
Pecan de no tener una estrategia, un plan B por si el A no funciona, y parece no importarles. Olvidan que la política es el arte de lo posible. Lástima que no sean estudiosos de la política contemporánea porque verían que un republicano como Newt Gingrich y un demócrata como Bill Clinton pudieron, juntos, transformar al país.
Gingrich propuso el u201cContrato con América u201d, tomado en parte de la plataforma de Ronald Reagan, que incluía una fórmula para reducir el tamaño del Gobierno, rebajar los impuestos, crear mejores condiciones para estimular el empleo empresarial y reformar los programas de bienestar social para eliminar la dependencia al Gobierno federal. u00bfSuena familiar? Es lo que quiere el Tea Party, pero no lo saben convertir en realidad. n
Estas reformas son necesarias. Aproximadamente 48 millones de personas recibieron sellos para alimentos el año pasado. Es una ayuda indispensable pero no diseñada para ser permanente.
El abuso y la dependencia del Gobierno lastiman las aspiraciones individuales. Una de las condiciones del proyecto de ley republicano es que para recibir este beneficio las personas en buena salud, sin dependientes, tienen que trabajar un mínimo de veinte horas por semana o asistir a un programa de entrenamiento de trabajo, una condición que antes se exigía. n
No se trata de quitarle comida al más necesitado, es cuestión de invertir mejor el dinero para que haya más empleos. Hace falta. Según el censo, el monto de la pobreza ha subido y para el hispano más aún. Para los hispanos el nivel de pobreza está en 25%, o sea, uno de cada cuatro vive en la pobreza tal como la define el Gobierno federal.Desafortunadamente, cada día hay más hispanos pobres.