Según los entendidos, las apuestas deportivas forman parte de la emoción de disfrutar las competencias porque añaden riesgo y posibilidad de ganancia.
Según los entendidos, las apuestas deportivas forman parte de la emoción de disfrutar las competencias porque añaden riesgo y posibilidad de ganancia.
Aunque las apuestas existen desde hace cientos de años, la afición ha experimentado un aumento de popularidad en parte por el uso de Internet.
Algunos corredores o “bookies”, como se les conoce en inglés a quienes aceptan y pagan apuestas, incluso ofrecen alternativas políticas, bajo el lema de que se pueden hacer apuestas en casi cualquier cosa que tenga un resultado desconocido.
Las apuestas en las elecciones presidenciales tienen una larga historia en los Estados Unidos, aunque hoy son consideradas ilegales.
Después de la Guerra Civil hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, los mercados de apuestas en las elecciones presidenciales fueron habituales, además los favoritos tendían a ganar elecciones.
“La gente apostó mucho en carreras políticas desde el inicio de los Estados Unidos hasta mediados del siglo XIX. En esos días, muchos estados tenían mercados de juego no regulados, pero a mediados del siglo XIX gran parte del país había prohibido varios juegos de azar”, según un artículo de Sports Geek escrito por Rex Hoffman en abril de 2020.
Sin embargo, esto no impide que en otros países en el mundo, donde es legal apostar en política, las elecciones presidenciales estadounidenses sean un tema favorito para probar suerte.
Eso explica un titular de la agencia Reuters del 24 de febrero de 2016 que decía “los apostadores en línea ven a Donald Trump como el candidato republicano con probabilidades”.
Recientemente, Ewan Palmer, de la revista Newsweek publicó que en un sitio de apuestas en Irlanda de que el expresidente se perfilaba como el favorito para recuperar la Casa Blanca, si se llegara a lanzar, luego de comparar con otras casas de apuestas internacionales.
Obviamente existe gran expectativa por saber si por fin Donald Trump se postulará o no para la próxima contienda presidencial, tomando en cuenta que desde el mismo momento en que finalizó su periodo ha jugado con el imaginario popular sobre su regreso, para disputarle la oficina al actual presidente Joe Biden.
“En casi todas las entrevistas que ha hecho desde que dejó el cargo el 20 de enero se le ha preguntado a Trump si volverá a presentarse. Cada vez ha insinuado y evadido, bromeado y jugado con su respuesta, diciendo solo que sus seguidores estarían muy contentos con su decisión”, sostenía un artículo de Tom Bevan publicado en RealClearPolitics.com en octubre de 2021.
Pero tanto el Partido Republicano como los posibles rivales demócratas y el resto del país tendrán que esperar antes de escuchar una decisión.
Su reciente fracaso por promover a su candidato a gobernador por el estado de Georgia, en las primarias republicanas del mes pasado, representó un golpe fatal para sus ambiciones.
El actual gobernador de Georgia, Brian Kemp, derrotó fácilmente al elegido de Trump, el exsenador estadounidense David Perdue.
Con el exvicepresidente Mike Pence respaldando a Kemp, el mensaje parece claro: el Partido Republicano no está unificado en torno al liderazgo de Trump y está buscando alternativas.
Por ahora, parece poco probable que un revés, aunque sustancial, convenza a Trump de hacerse a un lado.
De hecho, su nominado a senador por Georgia, la exestrella del fútbol americano Herschel Walker ganó la contienda.
De igual manera, la representante Marjorie Taylor Greene, firme defensora de Trump y de su narrativa sobre un supuesto fraude electoral en 2020, fue reelegida en su distrito de Georgia.
Aunque sigue siendo la figura dominante de su partido, las elecciones de mitad de mandato, en noviembre, serán decisivas pues, si como se espera, los republicanos toman el control de ambas cámaras legislativas, Trump podría ganar momento de cara a una repetición de las elecciones de 2020.
Todavía es pronto para dejarse guiar por las encuestas, sin embargo, la baja popularidad de Biden y las dudas sobre su vicepresidenta Kamala Harris pueden jugar a favor de Trump.
Para la mayoría de los políticos, el miedo a perder es un factor decisivo a la hora de postularse para un cargo, aunque no parece probable que Trump admita que tiene miedo a perder. Después de todo, todavía no ha aceptado que Biden lo derrotó legítimamente en las elecciones de 2020.
