Los hispanos en Estados Unidos han debido sortear innumerables obstáculos que siempre interrumpen el camino hacia el “Sueño Americano”. Miles de ciudadanos provenientes de Centroamérica ahora sienten que deben empacar todo por la cancelación del Estatus de Protección Temporal, TPS, por sus siglas en inglés, un programa que se ha extendido por décadas desde Washington, dejando a un lado la inquietud de los beneficiados por mejorar sus condiciones de legalidad en suelo estadounidense.
Incluso, dirigentes de diversas comunidades han acusado a sus compatriotas hispanos de permanecer en “una zona de confort” donde nunca permeó el miedo de que ese TPS podría ser revocado por el Gobierno de Estados Unidos de manera definitiva, haciendo valer su calificativo de “temporal”.
Y es que finalmente llegó “el lobo” para los salvadoreños, nicaragüenses y hondureños. En medio de la incertidumbre, al parecer el único gobierno de la región que ha dado la cara por sus nacionales ha sido Honduras. Además de desarrollar una campaña de incidencia para destacar lo bueno de esa inmigración en Estados Unidos, las representaciones consulares de ese país se han concentrado en atender a quienes llegan con maletas llenas de dudas, sin saber aun si quedarse en las sombras o regresar a su tierra natal.
Recientemente, el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, visitó Washington para dar la cara, no solo por su gente, sino por las comunidades hispanas favorecidas por el TPS en vías de cancelación. El mandatario ha propuesto que la fuerza seria contundente al hacer valer la importancia no solo de los hondureños sino de todas esos gentilicios de una región cuyos habitantes alcanzaron una legalidad temporaria en Norteamérica, en la que hasta incluso lograron adquirir propiedades valiosas y emprender negocios productivos, con generación de tributos, obligados y valorados por el Tío Sam.
A pesar de un escenario sin muchas esperanzas, Juan Orlando Hernández prefiere insistir en encuentros con autoridades de Seguridad Nacional y del Departamento de Estado, además con legisladores estadounidenses. Aunque no haya promesa de una decisión diferente, este presidente ha dicho en Washington que es necesario hablar en la Casa Blanca para agotar los cartuchos de una artillería pacífica, centrada en el blanco del bienestar de aquellos que “merecen un derecho” en Estados Unidos.
Sin duda, que la fortaleza de tres migraciones centroamericanas trabajadoras, honradas y prometedoras, colocadas en la lupa inmigratoria, abren una rendija de alivio que inspira mayor constancia sobre quienes asumen la responsabilidad de defender a quienes quizás dieron todo por perdido.
Una inmigración de Centroamérica unida, depurada de “maras” y comprometida con seguir trabajando en la “tierra de libertad”, puede convertirse en un bloque de fuerza sostenible con potencial político, tomando en cuenta la cercanía de elecciones a medio término en Estados Unidos.
La seguridad geopolítica también está en la mira del gobernante hondureño. En la reunión con el Departamento de Seguridad Nacional de Norteamérica, destacó la necesidad de condiciones justas para la lucha contra el crimen organizado que atenta en ambas naciones. El puente de narcotráfico se ha debilitado con el combate contra drogas en Honduras, sin embargo, Hernández calificó como prudente que el resto de Centroamérica se mantenga firme en ese objetivo.
El rescate de las zonas que fueron tomadas en un tiempo por las “maras” es punto de honor para el presidente Juan Orlando Hernández. En diversas oportunidades ha reiterado lo reafirmado en su gira en Washington: darle la posibilidad a esas comunidades de trabajar en oficios atractivos y productivos.
Honduras también esta en el objetivo de empresarios estadounidenses que quieren aprovechar la mano de obra de esa nación para la industria automotriz eléctrica.
Esto es otro punto se convierte en un gol de confianza hacia esa reconstitución hondureña que promete dar la cara por una Centroamérica unida y fortalecida.