Alejandro Castro Espín, al principio, no fue el príncipe azul que esperaba su exsuegra, Norma Lauzarica cuando este conoció a su hija Marietta Calis.

Cuentan que Marietta cursaba estudios universitarios en La Habana cuando pidió “una botella” o “aventón” al salir de la Universidad a un desconocido y amable chofer. Este Castro, al frenar y llevar a la bella joven, se interesó de inmediato en la holguinera del pueblo de Cueto, de la zona oriental de Cuba. Lugar muy cercano a Birán, cuna de los dictadores, de Fidel y de su padre Raúl.

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Desde el inicio y durante los primeros seis meses, Alejandro, pichón bien entrenado de la contrahumanidad cubana, se hizo pasar por otro. Jamás en este medio año declaró su identidad verdadera. Como todo un mafioso probó de mil maneras a la futura madre de sus hijos.

La señorita Calis de entonces; descendiente de libaneses, se enamoró de “Juan Pérez”. Pero tuvo que batallar y muy duro con su madre Norma quien encontraba horroroso a este veinteañero incognito, para sus ojos, desprovisto de las cualidades principescas que esta progenitora había soñado para sus dos hijas.

Marilyn, la hermana de la novia, ya era aeromoza internacional. Viajaba sin cesar, lo que le daba un tremendo estatus dentro del pueblo cubano sin libertades, donde salir de las fronteras de Cuba era, y aún se considera, un acto de gran privilegio y riquezas.

La señora Lauzarica ya vivía tranquila porque su hija menor estaba bien encaminada; pero su primogénita le preocupaba por estar noviando con la antítesis de su maternal idilio. Hasta que Alejandro invitó a su novia a conocer a sus padres, era lógico para él después de que la chica aprobara entrar al Templo de Shaolin –como en la película– o peor, a la familia del Imperio Dictatorial Cubano.

Cuando Marietta conoció a sus futuros suegros –Raúl Castro y Vilma Espín– y esta inesperada y sorpresiva noticia llegó a oídos y demás sentidos de su madre, ahora sí brotó en esta un amor desbordado por su adorado, de inmediato, yerno de la “alcurnia comunista”. Un príncipe azul es un esmirriado frente a uno “verdeolivo” …"aquí sí hay poder, me equivoqué de color", diría Norma.

La boda se hizo realidad, y una luna de miel a lo Bill Gate. Visitaron varias ciudades famosas mundiales, incluyendo a Nueva York, ciudad insigne del imperialismo yanqui. El benjamín del actual dictador cubano, machista al fin y antidemocrático hasta para la vida en familia, truncó los estudios universitarios de su señora Castro-Calis, ¡y la puso en estado de procreación de su patronímico… a parir se ha dicho! Se fueron a vivir con la dictadora y difunta suegra Vilma Espín, la que le hizo la vida muy difícil a la recién casada.

Marietta “tuvo” que romper lazos con casi toda su familia, al estilo norteamericano que tanto critica esta gente de la cima comunista. Los únicos parientes son tus padres, cónyuge, hijos, abuelos y hermanos que no fastidien si no son eliminados hasta de sus contactos telefónicos. Ellos condenan durísimo el estilo estadounidense de esta familia selecta. Esta holguinera aceptó y se convirtió en una elitista. ¡Hija de gata caza ratón!... ¡Tan plástica y calculadora como su madre!

Esta recién casada de los años 90’s enseguida se transformó en una Castro más. Muy feliz logró enzarzarse definitivamente con ellos al tener dos hijos varones con el chico de Raúl. Ya tenía el futuro garantizado, aunque a precios altísimos con esta gente del mal. Su prole es parte de la dinastía más aborrecida de este mundo.

Esta ahora exesposa de Alejandro Castro Espín, vive la Dulce Vida dentro de Cuba en segundas nupcias y en un reparto residencial habanero, con internet a todo tren. Pues no esconde su fiestera existencia en las fotos que publica en su muro de Facebook con la frecuencia que le venga en gana junto a los dos principitos Castro-Calis-Espín- Lauzarica.

Tiene que ser que a Alejandro ya no le gusta “como baila Marietta” para que esta ya cuarentona grite a los cuatro vientos que es feliz y con otro. De lo contrario el cuento sería otro.

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