No hay duda de que pensar en unidad en un año electoral es muy difícil. Todos apuestan a que su partido venza al rival en los comicios. Sin embargo, si alguna vez ha sido tan vital para Estados Unidos la unificación es ahora, cuando el coronavirus se expande por todo el territorio nacional y requiere el compromiso de todos para salir juntos de este gran desafío.

Aunque posponer las elecciones para el próximo año probablemente ni siquiera se esté considerando, las próximas batallas políticas que tendrán lugar entre la campaña del actual presidente Donald Trump y los que apoyan al probable contendor demócrata Joe Biden no ayudarán a calmar a todos los que enfrentan las múltiples amenazas planteadas por el virus.

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El cierre de California, el estado más grande y rico, fue un mensaje contundente de que esta pandemia afectará a todos, ya sea que se contagien o no.

Sería realmente inspirador si en este año electoral los políticos de ambas toldas partidistas presenten sus respectivas agendas, dejando de lado los ataques personales.

Sin embargo, con tanto en juego políticamente, parece casi imposible que no caigan en la tentación.

La verdad es que aun con planificación previa, para enfrentar una crisis de salud de este tipo, ningún gobierno en el mundo estuvo preparado para enfrentar esta nueva cepa de coronavirus.

Toda esta situación comenzó en la provincia de Wuhan, en China, en los llamados “mercados húmedos”, donde los locales suelen ir a comprar carne fresca de animales salvajes bajo mínimas condiciones de higiene.

Aunque el mercado luego fue clausurado por las autoridades chinas, el hecho no fue suficiente y tuvieron que tomar medidas aún más drásticas, que tras tres meses de implementación parecen haber surtido efecto para reducir las cifras de contagiados y fallecidos.

La semana pasada, el número de nuevas infecciones en el país asiático bajaron a cero, según la información oficial, aunque ahora personas que regresan a China llevan el virus en pequeñas cantidades.

Las medidas draconianas tomadas por Pekín, como el confinamiento obligatorio, fueron más fáciles de imponer que en Estados Unidos o en el resto de Occidente porque su gobierno comunista ejerce poderes absolutos sobre su pueblo.

En el caso de California también se impuso el aislamiento social que incluye el cierre de bares, restaurantes, gimnasios y el evitar todo tipo de reuniones, pero las autoridades confían también en el sentido común de todos sus residentes para cumplir con la medida.

En Washington, los funcionarios públicos llevan más de una semana trabajando desde sus casas, pero aunque priman algunas limitaciones se espera que la Administración anuncie otras medidas.

Los medios de comunicación mostraron imágenes en Florida de jóvenes en trajes de baño en las playas de Miami Beach, disfrutando del spring break o vacaciones de primavera al margen de la emergencia sanitaria, horas antes que los balnearios fueran cerrados y un toque de queda fuera implantado.

En Washington nos resta esperar que tanto Trump como el Congreso logren el equilibrio correcto para hacer cumplir reglas sensatas que protejan a la población del contagio.

De igual manera, se debe dar el mismo apoyo político a las medidas económicas que se han anunciado, porque es el país el que está en juego.

En un momento en que el diario vivir de tantas personas está en peligro, debido a la pérdida de empleos y en general a un futuro económico incierto, es de esperar que las promesas de ayuda del Gobierno inyecten un grado de optimismo para los más afectados por el coronavirus.

Aquí es donde el principal candidato demócrata para la Casa Blanca puede desempeñar un papel clave y demostrar liderazgo en tiempos difíciles, al brindar todo su apoyo a la administración Trump. En otras palabras, poner al país por encima de la política, a menos que haya una razón muy buena y comprensible para enfrentarla con propuestas proactivas y no reactivas.

Sin embargo, será difícil para Biden porque a pesar de las circunstancias deberá demostrar a los votantes que representa una mejor alternativa que presidente Trump para conducir los destinos del país.

Pero si Biden se dedica a atacar al Presidente durante los próximos meses, por todo lo que hace para contrarrestar el virus y su impacto en la economía, tendrá consecuencias negativas para en las urnas.

Es una prueba dura pero no es la primera guerra que libra. Por ello, el país entero tiene que sobrevivir esta crisis y salir victorioso animado por la esperanza de un futuro mejor.

Suponiendo que se llegue a este punto el 3 de noviembre, los votantes pueden realmente emitir un juicio adecuado: ¿quieren quedarse con el Presidente en ejercicio o recurrir a Joe Biden?

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