Violenta, grosera, vulgar, desequilibrada, son calificativos con los que muchos venezolanos acompañan el nombre de la ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, bautizada por Hugo Chávez como “la comandante Fosforito”.

Varela exuda odio. En esta oportunidad disparó ante las cámaras de televisión su sentencia contra el éxodo venezolano: “Los que han salido del país son unos asesinos”, (¿habrá pensado en los chavistas que han corrido hacia países de América y Europa?). La ministra exige prolongar el destierro para siempre y asoma la posibilidad de retirar a algunos la nacionalidad.

En efecto, son bravuconadas. Con sus amenazas fabricadas intenta reforzar la etiqueta de guerrillera, procurando ocultar que a ella le gusta el dinero. Pero es un esfuerzo inútil. Después de 20 años, los venezolanos saben quiénes han robado.

A la ministra hay que contabilizarle el vicio de mentir. Dice que las cárceles venezolanas son las mejores del mundo, que ningún preso reincide porque los que salen en libertad son hombres nuevos y que en las prisiones más nunca ha habido un motín. Todo es comprobadamente falso.

Varela con nostalgia, evoca al Chávez de sus inicios. Ella coordinó la creación del MBR200 en Táchira en 1995 y hace grandes esfuerzos para que nadie recuerde que su nacimiento político fue en Copei.

Valera trabajó con Chávez en la campaña presidencial en Los Andes. Cada viaje servía también para encuentros cercanos. Quienes apoyaron la causa tuvieron su recompensa. Por ejemplo, tiempo después, Leonardo Salcedo fue presidente de Banfoandes y candidato a la gobernación de Táchira. Leonardo es hijo del propietario del hotel Montaña de La Grita, donde se alojaba el futuro presidente.

Varela había fundado una empresa, Menservic, (Mensajes y Servicios SRL) junto a Manuel Antonio Peñaloza (exalcalde del municipio Torbes y diputado al Consejo Legislativo de Táchira). Desde el gobierno, alcanzaron contratos con varios organismos públicos para vigilancia privada. Sus clientes fueron Inavi, Hidrosuroeste, Cadela, Minfra y la Corporación Venezolana del Suroeste. La compañía se mantuvo activa hasta el año 2000, cuando Varela salió como diputada y estableció una red que le dio mucho poder y beneficios: el control de las notarías. Familiares y amigos abogados de Valera ocuparon las notarías hasta que un conflicto dentro del chavismo regional le reventó la actividad. La Notaría Quinta de San Cristóbal fue allanada bajo la acusación de cobrar dólares para hacer trámites al margen de la ley. El cuñado de Varela, que trabajaba allí, convenientemente escapó.

Iris Varela suma en la comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional, casos por corrupción y desviación de fondos públicos. En las cárceles decidió quedarse con el suministro y distribución de alimentos. Ese es el modus operandi que mata de hambre a los venezolanos. Los contratos a las empresas favorecidas en ese negocio han sido entregados a dedo. Los camiones llegan los lunes a más de 30 centros de reclusión con la alimentación de la semana para casi 60.000 presos. Y allí comienza la repartición entre las mafias internas. Bachaqueros y pranes facturan.

Las remodelaciones de las cárceles también han dado frutos. Otra empresa vinculada a Varela se ha encargado de la venta de materiales y ofrece servicios de construcción. El asunto ha favorecido al padre de la hija de la ministra, según denuncia del exdiputado Abelardo Díaz.

Iris Varela, camino a sus 50 años, puede vivir con los lujos chavistas en Venezuela. En el exterior le sería complicado con tantas sanciones. Igual que a su amiga y colega Cilia Flores. Por eso vocifera que defenderá la revolución hasta el final. Parte de su colaboración desde el ministerio ha sido enviar asaltantes en prisión, colectivos armados que atacan a ciudadanos que protestan. Esas misiones son bien pagadas. Quizás hasta sean material de exportación a Nicaragua.

A pesar de tanto esfuerzo, los gestos de Varela no parecen ser apreciados por los cubanos. Un informe en manos de Ramiro Valdés desde el 2002, concluye que Varela no está bien de la cabeza. El periodista y exagente de inteligencia de Cuba, Uberto Mario Hernández, afirma que el diagnóstico de la ministra es que padece “esquizofrenia pasiva e intermitente”. No es de confiar, consideran ellos. Esa es la explicación para que decidieran mantenerla en el submundo de las cárceles, con sus pranes, en la oscuridad. Es probable que el documento haya sido etiquetado con dos palabras claves, “Linda Blair”, la actriz de la película “El exorcista”.

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