El término diáspora viene del griego diaspeirein que es un verbo conjunto formado del prefijo dia, que significa “a través de” y spora, que significa “semilla, siembra”, es decir, la siembra de una semilla esparcida o, en sentido figurado, la dispersión o la diseminación de personas y familias fuera de sus territorios de origen.

Estudios recientes efectuados por diferentes grupos de venezolanos dan cuenta del inmenso éxodo que se ha venido verificando en los últimos años, cifrando cantidades de migrantes que oscilan entre tres y cinco millones. Los destinos escogidos o no por los migrantes venezolanos les han llevado a un sinnúmero de países ubicados en los cinco continentes del planeta.

Este fenómeno del éxodo, que se debe primordialmente a la búsqueda de mejores condiciones de vida y a la huida por persecución política, lejos de aminorarse con el tiempo, se agrava mientras va colapsando el Estado venezolano en las irresponsables manos de los tiranos que secuestran el poder.

Los tiranos desean implantar el éxodo como política de Estado para deshacerse de todos los disidentes actuales o futuros y para generar un flujo de remesas familiares en divisas, sobre las cuales establecer un peaje forzoso, a través de un tipo de cambio intermedio ya regulado, arbitrando entre el tipo de cambio oficial y el del mercado negro.

En la misma medida en que se deteriora la situación en Venezuela y el éxodo se hace masivo, los venezolanos solidarios que ya migraron y se establecieron han venido creando múltiples organizaciones no gubernamentales (ONGs) para asistir, tanto a los venezolanos que sufren de la crisis de desabastecimiento en casa, como a los migrantes que día a día huyen con sus familias desprovistos de recursos e información suficiente.

¿Qué pasaría si las ONGs de los venezolanos en diáspora deciden unir sus esfuerzos, en una federación de organizaciones ciudadanas, administrada sin protagonismos por un cuerpo colegiado representativo de todas las ONGs que la conforman y sin necesidad de que estas pierdan sus particulares identidades?

Por una parte, se generaría un incremento de la confianza entre los ciudadanos venezolanos y, con ello, un aluvión de voluntades y voluntarios entre los que hoy permanecen agazapados, inactivos o temerosos ante lo que, desde afuera, parece ser una selva de pequeñas organizaciones invertebradas.

Adicionalmente, se racionalizarían los esfuerzos y la administración de los aportes en pro de las acciones a favor de los venezolanos tanto en casa como en la diáspora;

También se potenciaría la obtención de recursos, aportes y donaciones por parte de entes internacionales para preparar y dotar el canal humanitario y para ayudar a paliar las necesidades de los refugiados, que ya se cuentan por cientos de miles, especialmente en la vecindad suramericana.

Igualmente coadyuvaría en el establecimiento de centros de recepción de migrantes para canalizar el apoyo de llegada con información migratoria, techo y comida para las familias, educación para los niños y trabajo para los padres.

Permitiría comenzar a pensar en generar los espacios culturales, deportivos y sociales para convocar a las familias en un sano ambiente de esparcimiento que alimente los lazos con la patria y apoye a la preservación de la venezolanidad.

Y finalmente, coadyuvaría a generar la masa crítica para desarrollar y ejecutar en conjunto con los venezolanos que quedan en casa, los planes de construcción del nuevo edificio social, económico y político que requerirá Venezuela en su proceso de recuperación, a partir del día D+1.

Como lo hemos sostenido anteriormente en esta columna, ante la destrucción institucional de la cual Venezuela es objeto, los venezolanos contamos con la irónica y espectacular oportunidad de reconstruir el país sobre unos nuevos cimientos, basados en un relacionamiento distinto entre los ciudadanos y el Estado, que recoloque al ciudadano al centro de toda la acción del Estado y al derecho de propiedad como la base del desarrollo nacional, que limite la acción gubernamental a la ejecución de las funciones esenciales del Estado (Seguridad, Justicia, Salud, Educación e Infraestructura), que genere las estructuras de contrapesos institucionales que permitan a la sociedad civil organizada ejercer el control efectivo de toda la gestión gubernamental; y, que transfiera todos los activos productivos del Estado a los ciudadanos, mediante mecanismos que permitan la mejor formación posible de las próximas generaciones de venezolanos para que, a la vuelta de un par de décadas, seamos un país de propietarios.

juanriquezes@gmail.com

@juanriquezes

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