El fenónemo de la hiperinflación en Venezuela golpea a todos los estratos, sin embargo, son los sectores de menos ingresos los más perjuicados. Ya no se trata solo de la escasez, sino de poder comprar lo que se consigue.

El ingreso de la mayoría de los venezolanos es insuficiente para adquirir los productos de primera necesidad para alimentarse, cuidar la salud o siquiera trasladarse en transporte público.

Con una moneda completamente devaluada, con un tipo de cambio real que supera los 100.000,00 Bs por dólar, se hace imposible que un venezolano pueda ganarle la carrera a los precios de cualquier tipo de producto en una economía dependiente de las importaciones.

El drama de los venezolanos es tal, que de acuerdo a la estimación de la firma privada Econométrica, la inflación diaria durante noviembre fue de 1,67%, el equivalente de la inflación mensual de un país como Colombia.

En un entorno como el venezolano no hay planificación posible y mucho menos capacidad de ahorro; lo que hay es una carrera dolorosa por sobrevivir al día a día y conseguir lo indispensable.

Lamentablemente el gobierno no tiene el recurso humano, ni una estructura productiva ni mucho menos la disposición para afrontar esta crisis hiperinflacionaria. El régimen de Nicolás Maduro es el único responsable de una crisis que ha llevado a que alimentos básicos puedan subir sus precios en las últimas cinco semanas más de 800%.

La hiperinflación, reflejada en una subida de los precios mayor a 50% en los últimos dos meses, es una muestra de lo que es capaz de hacer el denominado Socialismo del Siglo XXI. Cuando América Latina parecía haber superado las hiperinflaciones, Venezuela demuestra que un modelo equivocado es capaz de reproducir viejos y dramáticos problemas económicos y sociales, que terminan golpeando la calidad de vida de sus ciudadanos.

Poder pagar las cosas es apenas una de las muchas batallas diarias de los venezolanos. El dinero en efectivo también escasea y encontrar las fajas de billetes necesarias para lo más mínimo es una angustia constante; la gente se ve obligada a soportar largas filas en los cajeros automáticos y en los bancos para sacar cantidades que al cambio del dólar paralelo si acaso equivalen a centavos de dólar.

No hay manera de frenar esta dinámica sino a través de un cambio de modelo, y eso no es posible con el chavismo en el poder.

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