Luego de dos décadas, una inmensa mayoría de venezolanos nos disponemos a expeler al régimen chavista que, disfrazado de populismo, logró engatusar a nuestra población más vulnerable y utilizó todas las herramientas de la democracia para infiltrar el poder y, desde allí, cooptar las instituciones y modificar las reglas del juego democrático, con el deliberado propósito de atornillarse y obstaculizar toda posibilidad de que sus opositores lográramos sacarlos por vía pacífica y electoral.

En ese largo camino, los venezolanos que nunca creímos en la celada populista intentamos cambiar el rumbo en varias oportunidades, sin éxito. Hemos de reconocer que, como ciudadanos ingenuos, fuimos traicionados por muchos políticos que pensábamos estaban del lado de las fuerzas democráticas y cometimos muchas torpezas, pero también hemos de entender que la caterva de malandros que trajo consigo el chavismo (Castro-comunismo, FARC, ELN, Cartel de los Soles, radicales fundamentalistas islámicos, Colectivos, Pranes, etc.) blandieron muy altos niveles de maldad psicopática y falta de escrúpulos.

Las consecuencias de un gobierno díscolo y predador de su propio futuro llevaron a la población a una situación de agobio y desesperanza tal, que hizo mella en su popularidad y en la actualidad capitaliza un rechazo mayor al 80%.

Al perder el favor electoral de una población ignorante que tuvo y abusó durante los primeros lustros, al chavismo no le quedó otra que violar, ahora sí abiertamente, las reglas del juego democrático y, al hacerlo, terminó de perder el favor popular y selló su destino.

La transición en la que Venezuela se encuentra ha requerido de la alineación de muchos factores y elementos, tanto internos como externos, que han permitido vislumbrar un cambio efectivo de gobierno con bajos niveles de violencia, lo cual era impensable unos años atrás.

Estamos entrando en la fase conclusiva de esa transición, para cuya materialización se requerirá de mucha coordinación, paciencia, unidad y aplomo.

Además de contar con el apoyo ciudadano, internacional y militar, la receta para salir de este régimen ha de contener legalidad, política, inteligencia y negociación.

Quizás lo más importante y lo que definirá nuestro futuro como República es el orden en que han de suscitarse los próximos eventos.

La ciudadanía debe entender que, por razones estratégicas, el plan no puede ni debe ser comunicado públicamente. La estrategia se irá develando en la medida en que se sucedan lo eventos en los próximos días y semanas.

Hemos de esperar que a quienes les ha tocado la patriótica tarea de participar en la ejecución de este plan de recuperación de la democracia, entiendan que mientras se vayan logrando avances, aunque no a la velocidad que muchos esperan, la mayoría de la ciudadanía les va a continuar apoyando.

En términos generales, primero debe generarse una mayor presión sobre los jerarcas de la tiranía y luego, en el momento preciso, ni antes ni después, debe ofrecerse una salida negociada a aquéllos que permitan que el cambio se dé con el menor derramamiento de sangre posible.

Que nos espanta los términos de esa negociación y que va a ser dolorosa, seguro que sí, pero la alternativa es violenta y pavorosa.

Lo que ya nadie duda respecto de la transición política en Venezuela, ni siquiera los familiares de los jerarcas del chavismo, es que el cambio político va a ocurrir y que a mayor resistencia peor consecuencia.

Vísteme despacio que llevo prisa…

juanriquezes@gmail.com

@juanriquezes

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