Casi dos meses nos separan de las elecciones del 30 de agosto, cuando votamos sobre importantes cargos públicos y decidimos el rumbo de ciertos asuntos que podrían afectar las vidas de tres millones de habitantes en Miami-Dade.
Posiblemente estemos cansados de oír hablar de elecciones, políticos y proyectos de desarrollo que rara vez cumplen nuestras expectativas. Pero ignorarlos, mirar hacia abajo sin hacer nuestra parte, es tan perverso como la mala conducta de un funcionario
Casi dos meses nos separan de las elecciones del 30 de agosto, cuando votamos sobre importantes cargos públicos y decidimos el rumbo de ciertos asuntos que podrían afectar las vidas de tres millones de habitantes en Miami-Dade.
Posiblemente estemos cansados de oír hablar de elecciones, políticos y proyectos de desarrollo que rara vez cumplen nuestras expectativas. Pero ignorarlos, mirar hacia abajo sin hacer nuestra parte, es tan perverso como la mala conducta de un funcionario.
Basta mirar alrededor, conversar con familiares y amigos, o consultar los datos de la prensa escrita, para valorar los sucesos y formar un criterio propio que ayude a tomar decisiones.
Sólo hay que estar inscrito para votar y acudir a las urnas los días previstos, sean las jornadas de votación anticipada o la fecha señalada, para depositar el sufragio que aprueba o condena el quehacer de un funcionario, acepta o rechaza una propuesta.
Con el poder del voto alimentamos la democracia que disfrutamos y que otros añoran, pero sobre todo mantenemos viva el arma que nos permite premiar o castigar.
Eso es precisamente lo que debemos apreciar: el arma envidiable de otorgar un premio o un castigo a quien lo merezca, el ejercicio del respeto que merecemos como contribuyentes y votantes.
Por eso es necesario tener en cuenta los días que nos separan de la fecha seleccionada para elegir el acalde de Miami-Dade, el condado de Florida con más habitantes y poder económico, además de siete comisionados condales, un contendiente para el puesto del distrito 26 en el Congreso y una hasta ahora incierta campaña por un puesto senatorial que podría traer sorpresa.
Independientemente de la afiliación política, sea republicano, demócrata o independiente, impera la importancia del nivel de vida que debemos proteger, la defensa de las instituciones públicas que ostentamos y el deber de corregir lo que está mal hecho.
No podemos permitirnos la abstinencia política porque ello nos conduce al abismo de los males que imperan en otros países, los males que obligaron a muchos de nosotros a abandonar nuestros países de origen.
video