La Inteligencia Artificial ha revolucionado al mundo. Hay quienes lo consideran un avance positivo para el desarrollo de la humanidad, que puede igualar o superar la inteligencia y eficiencia humana. Otros menos optimistas piensan que este sistema transformador va a desplazar a la humanidad por máquinas cada vez más inteligentes.
Esta tecnología está diseñada para realizar funciones y tareas concretas que requieren un buen nivel de conocimiento en la materia. Actualmente la Inteligencia Artificial, se está convirtiendo en una pieza clave para la vida cotidiana, el desarrollo y avance de las empresas, ya que ayuda a tomar todo tipo de decisiones tanto personales como empresariales.
La Inteligencia Artificial está capacitada para comprender el comportamiento del ser humano de una forma más profunda. En un futuro traerá una gran cantidad de cambios, sobre todo en la relación de las personas con los dispositivos móviles y las nuevas tecnologías relacionadas con la IA.
La comodidad que ofrecen estas herramientas en su aplicación, también implican a la larga la pérdida de habilidades y capacidades, tanto físicas como mentales, al punto que las personas podrían llegar a estar tan indefensas sin la ayuda de lo digital. Por otra parte, la vida digital, se está convirtiendo para muchas personas, en la forma habitual de relacionarse con los demás.
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Amazon, Google, Meta, Microsoft y otras compañías, que encabezan el desarrollo de inteligencia artificial (IA), se comprometieron a verificar bien la seguridad de sus productos antes de lanzarlos al mercado.
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Preocupación para muchos
Asimismo, la aplicación de IA a innumerables procesos de automatización en distintas áreas y puestos de trabajo, comienza a suponer una preocupación para muchos. Conforme la tecnología avanza, aumenta la capacidad de la misma para llevar a cabo aquellas tareas para las que antes se precisaba la inteligencia humana. Esta automatización de los procesos, ya ha comenzado a aplicarse en fábricas, en la biotecnología o el marketing.
No obstantes, la IA también va a crear nuevas fuentes de trabajo especializadas a nivel técnico, pero muchas de las labores que antes precisaban de la actividad o supervisión de una persona, hoy son sustituidas por la IA , dejando sin empleo a millones de individuos especialmente afectando a sectores vulnerables de la población, amenazando su sistema de vida y su paz mental.
Este sistema tecnológico aumenta la capacidad del anonimato, puede permitir en diferentes campos la ganancia de grandes sumas de dinero o la realización de determinadas actividades ilícitas o de dudosa moralidad. Uno de los mayores peligros del mal empleo de la IA es forzar todos los límites éticos, si con ello hay algo que ganar.
Sin lugar a dudas, uno de los mayores peligros de la IA es la capacidad de manipulación social mediante la inteligencia artificial. Aunque, sin duda, uno de los problemas que más resuenan en la actualidad, es el de las deepfakes que hacen estragos en la esfera social y política. También son llamados “medios sintéticos”, tan convincentes a la hora de imitar lo real que pueden engañar tanto a las personas como a los algoritmos.
Señalan los analistas que este tipo de tecnología hace más sencillo sustituir la imagen de una figura por otra en una foto o un vídeo, pudiendo convertirse, no solo en una fuente de desinformación, sino también en un perverso método de chantaje y dando lugar a un escenario en el que resulte prácticamente imposible distinguir entre la realidad y la ficción.
El Poder de la IA es enorme
Como se puede observar el poder de la IA es enorme, con sus proa y sus contras, por lo que es fundamental que quienes lo manejan minimicen sus riesgos. La idea no es ir en contra de este avance tecnológico, sino de estar atentos a las dificultades o peligros que entraña y proporcionar soluciones, haciendo un uso responsable tanto por parte de los programadores como de los usuarios.
Frente a los desafíos globales de seguridad y sostenibilidad, las mejoras de la IA deben prometer seguir aportando una ayuda significativa para la humanidad, siempre que se desarrollen mecanismos adecuados para regular, con políticas sensatas, seguir ampliando la IA y limitar lo que corresponda el potencial de su aplicación.