sábado 13  de  junio 2026
DE PELÍCULA

"The Martian", o la lección bien lejos del estrés terrícola

El director de Alien (1979) y Blade Runner (1982), y no menos importante, de The Duellists (1977) y Thelma and Louise (1991), Ridley Scott, sabe muy bien que la supervivencia en plena soledad es un desafío íntimo, no un espectáculo de feria

Por JOSÉ ANTONIO ÉVORA

El delirio con el que muchedumbres de los cuatro puntos cardinales contemplan arrobadas al astronauta Mark Watney, abandonado en el planeta Marte por sus propios compañeros de viaje, me recuerda un poco a Truman Show, y eso no es una buena noticia. El director de Alien (1979) y Blade Runner (1982), y no menos importante, de The Duellists (1977) y Thelma and Louise (1991), Ridley Scott, sabe muy bien que la supervivencia en plena soledad es un desafío íntimo, no un espectáculo de feria.  La pregunta es si cuando nos la muestra con esta otra cara lo hace por complicidad con nosotros, los voyeurs, o para burlarse de nosotros, los adocenados a la soledad compartida, ya sea con otra persona solitaria o con una pantalla, o con los dos.

Uno quisiera creer que todo eso es posible, y que la tormenta es tan fiera como para dejar atrás –dejar atrás en el planeta Marte, no en el bar de la esquina—a uno de los que viajó contigo meses y meses antes de llegar allí. No sólo el destino: también la ruta del viaje era lo incierto. Todo lo que viste en el camino no había sido visto nunca, ese itinerario jamás fue transitado, y pudiera ser inofensivo, como calculó la NASA, pero también pudiera ser letal.  El verdadero habitante del universo es lo desconocido. En ese tránsito debió haberse forjado una fraternidad inédita en la historia, capaz de vencer cualquier prueba.

Si de veras las uniones se fraguan en las adversidades, entonces, lo primero que uno piensa es que el astronauta Watney es un modelo de nuestra incapacidad para forjar uniones verdaderamente indisolubles en la sociedad contemporánea.  El espíritu de la misión es científico.  No, error.  Ese es el objetivo.  El espíritu esencial de la misión es humano.  Dejar atrás a un hombre en esa circunstancia es dejar atrás a la especie completa y a todo lo que hicimos hasta el día mismo de empezar a colonizar Marte.

Scott no va por ahí. Para ser exactos, la novela en la que está basada la película no va por ahí, pero desde el momento mismo en que el cineasta asume el proyecto ya está aceptando la premisa.  La historia va por el astronauta que se queda abandonado en Marte, y que da la casualidad que es el botánico del grupo, o sea: es el indicado para sembrar papas a 60 millones de kilómetros de la Tierra.  No voy a entrar en detalles de cómo Houston se entera de que Watney sigue vivo mientras que a sus compañeros de viaje, ahora de regreso, no les pasa esa idea por la cabeza cuando toman limonada o hacen jogging en la sala de ejercicios de la nave con vista a la Vía Láctea.

Así entramos en el difícil terreno de la verosimilitud que necesita un relato de ciencia ficción para convencer al público de que lo que está viendo es algo posible.  Uno se deja engañar sólo cuando sabe que la mentira es una verdad probable.  Y como creo que sí, que la verosimilitud es imprescindible, posiblemente más en un relato de ciencia ficción que en la vida cotidiana, hay que volver a preguntarse entonces qué nos dice de nosotros mismos, más que de la idea de explorar el sistema solar, una película de tanta aceptación.

Por ejemplo, en The Martian, el entrenamiento tuvo que haber sido más que eficiente, perfecto, para que Watney encare la situación con tanto sentido del humor (descartamos, me pregunto si por error, que haya seres humanos perfectos).  El hombre no da ni una sola señal de estrés: está más relajado que un transeúnte en Lincoln Road.  Todo encaja, hasta los errores.  Donde era necesario un sofisticado sistema de doble acceso con blindaje y tarequitos que dan vueltas, tapa el hueco con un nylon que parece sacado de Home Depot.  Ah, ¿pero la cosa es así? 

Me temo entonces que muchas de las precauciones que estamos tomando en la Tierra para sobrevivir nos estén matando.

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