sábado 21  de  febrero 2026
ARTE

El hiperrealismo de Walt Wizard y la experiencia de mirar de cerca

Detrás del seudónimo está Walter Huamán, un artista que lleva más de dos décadas trabajando con una disciplina que exige paciencia extrema y una observación constante de la realidad

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

Durante unos segundos, quien se detiene frente a una obra de Walt Wizard no sabe exactamente qué está viendo. La reacción es casi física: acercarse un poco más, observar la piel, los ojos, los gestos. Buscar una pista mínima que confirme si se trata de una persona inmóvil o de una escultura.

Esa duda inicial no es un error del espectador, es el punto de partida de una obra que ha llevado el hiperrealismo latinoamericano a un nivel poco habitual.

Detrás del seudónimo está Walter Huamán, un artista que lleva más de dos décadas trabajando con una disciplina que exige paciencia extrema y una observación constante de la realidad. Sus esculturas, elaboradas con silicona de grado médico y otros materiales de alta precisión, reproducen detalles que rara vez se perciben a simple vista: la textura irregular de la piel, pequeñas arrugas, imperfecciones que rompen cualquier idealización. No hay atajos en el proceso. Cada pieza requiere meses de trabajo y una atención obsesiva al detalle.

El alcance de su obra se hizo evidente con la presentación de la escultura de Jesús Resucitado en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Allí, en un espacio cargado de simbolismo y tránsito constante, la reacción del público fue inmediata. Personas de distintas edades y procedencias se acercaban con cautela, muchas convencidas de estar frente a alguien real. Algunos tocaban la figura, otros la rodeaban en silencio. La escena se repetía una y otra vez, como si el asombro no se agotara.

El propio artista ha señalado que ese momento tuvo un peso especial en su trayectoria. No solo por el lugar, sino por la respuesta colectiva. Visitantes que habían visto la obra en pantallas gigantes o transmisiones internacionales se acercaban después para preguntar dónde volvería a exhibirse. El hiperrealismo funcionó allí como un lenguaje compartido, capaz de cruzar fronteras culturales y religiosas sin necesidad de traducción.

Ese episodio no fue aislado. A lo largo de su carrera, Walt Wizard ha trabajado con figuras conocidas del cine y el deporte, entre ellas Sylvester Stallone, Hulk Hogan y Jean Claude Van-Damme. También ha colaborado con instituciones culturales y deportivas de proyección internacional, como el Consejo Mundial de Boxeo. Sus esculturas han sido exhibidas en ciudades como Nueva York, Toronto, Londres y Dubái, lo que ha consolidado su presencia fuera del circuito local.

Tras la presentación en la Plaza de San Pedro, la obra continuó su recorrido en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, un espacio dedicado al diálogo entre arte, ciencia, fe y tecnología.

Allí, el hiperrealismo volvió a plantear preguntas sobre los límites de la representación. No se trataba solo de mostrar una figura perfectamente ejecutada, sino de provocar una experiencia directa en el espectador.

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A diferencia de otras corrientes contemporáneas que optan por la abstracción o la síntesis, el trabajo de Walt Wizard se apoya en la observación minuciosa de lo real. Su objetivo no es únicamente reproducir un cuerpo humano, sino capturar una presencia. Cada escultura exige tiempo para ser creada y también para ser contemplada. No se consume de un vistazo rápido. Obliga a detenerse.

Esa pausa es parte esencial de su propuesta. En un contexto saturado de imágenes inmediatas, donde todo parece diseñado para pasar rápido, su obra propone lo contrario. Mirar despacio. Dudar. Volver a mirar. En ese gesto, casi olvidado, aparece una reflexión más profunda sobre lo que entendemos por realidad y por representación.

Hoy, mientras sus piezas continúan circulando por museos, instituciones y exposiciones internacionales, Walt Wizard mantiene una evolución constante. No repite fórmulas ni se apoya únicamente en el impacto técnico. Su trabajo avanza como una exploración sostenida de los límites entre arte y vida.

Quizá ahí resida la fuerza de su hiperrealismo. No en el asombro inicial, sino en lo que queda después, cuando el espectador se aleja y entiende que esa breve confusión también habla de cómo miramos el mundo.

Conozca más en Instagram.

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