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MIAMI.- El silencio de los cubanos de la isla frente a un comunismo cada día más opresor, lejos de romperse tras la muerte de Fidel Castro, continúa siendo el común denominador en las calles de La Habana y el resto de las provincias que conforman ese país caribeño.

La población de esa nación insular sigue bajo el mismo clima de represión al que los acostumbró el desaparecido líder de la “Revolución”, mostrando una especie de mutismo. En efecto, la gente solo se atreve a denunciar en privado las deficiencias de un sistema de gobierno que ha llevado a la ruina a un país considerado del “primer mundo” antes del castrismo.

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Ante el temor de un régimen carente de su líder natural, que el duelo puede convertir en más sanguinario, el manejo de las apariencias entre los habitantes de la isla parece ser el derrotero de quienes permanecen en el país, conducta que se ha convertido en un patrón para garantizar una supervivencia lo menos problemática posible.

Señalar frente a una cámara de televisión los síntomas de un cáncer que hizo metástasis hace muchos años, puede ser considerado un acto de suicidio. En la mayoría de los casos, lo que se observa a través de los canales cubanos no es tan real como se cree, y en esa arena caen algunas personas que han aparecido en medios oficialistas dando gritos, casi convulsionando, a raíz de la muerte del dictador.

El cubano de la isla aprendió a llamar “bueno” las miserias que le provee el Gobierno, en contra de sus sentimientos reales. Muchos quisieran salir por las calles lanzando arengas de libertad, pero si lo hacen les espera una prisión sucia y oscura, y un letrero de “opositor” sobre el dintel del escrutinio social.

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