Para muchos músicos, decidirse por un solo género puede parecer la única vía hacia el éxito o la especialización. Sin embargo, Adrián Corredor representa un modelo diferente, demostrando con su trayectoria que explorar múltiples estilos musicales puede potenciar la creatividad y aportar una riqueza única al intérprete.
Este talentoso trombonista venezolano, nacido en San Cristóbal, Táchira, decidió desde muy temprano no limitarse a un solo camino, sino aventurarse con confianza en diversas experiencias sonoras.
Corredor comenzó a formarse en la Escuela de Música Miguel Ángel Espinel, donde fue motivado por su padre, también músico. Desde sus inicios, comprendió que cada género musical tiene algo especial que aportar. A lo largo de su carrera, ha hecho de la versatilidad una marca distintiva, recorriendo escenarios tan variados como prestigiosos en América Latina, Estados Unidos y Europa.
Uno de los consejos fundamentales que Adrián comparte con las nuevas generaciones es mantener siempre una mente abierta a todas las posibilidades musicales.
Su experiencia con grandes orquestas como la Sinfónica Simón Bolívar, bajo la dirección de maestros del calibre de Gustavo Dudamel y Diego Matheuz, le enseñó disciplina, rigor y la capacidad de interpretar con precisión y sensibilidad. Al mismo tiempo, tocar salsa al lado de figuras emblemáticas como Gilberto Santa Rosa o Luis Enrique, le ha permitido conectar con públicos masivos y expresar energía en formatos muy diferentes.
Este músico venezolano también aconseja despojarse de prejuicios musicales. Según Corredor, clasificar estilos como superiores o inferiores limita el crecimiento artístico. Ha demostrado con hechos que se puede hacer música popular con el mismo nivel de excelencia técnica que se aplica a una sinfonía clásica. Considera que el respeto y la dedicación son esenciales sin importar el género que se interprete.
Otra de las claves que Adrián resalta constantemente es la importancia de la improvisación como método para descubrir nuevas formas expresivas. Su incursión en el jazz, con agrupaciones como la Simón Bolívar Big Band, ha sido fundamental para enriquecer su técnica y capacidad creativa. Esta habilidad para improvisar no solo lo fortalece en escenarios jazzísticos, sino que también le permite aportar frescura y autenticidad a interpretaciones clásicas y populares.
La generosidad en compartir conocimientos es otro aspecto que Corredor valora profundamente. Como docente en el Conservatorio Simón Bolívar y la Academia Nacional de Trombón, ha aprendido que enseñar es una manera poderosa de seguir aprendiendo. Sus clases magistrales en diferentes países de América Latina le han permitido constatar que la enseñanza no solo transmite técnicas, sino también valores como la humildad y la pasión.
Para Adrián, cada colaboración con otros músicos es una oportunidad única para crecer. Ha trabajado con artistas reconocidos en géneros tan variados como el pop, junto a Chino y Nacho o Servando y Florentino, y en el ámbito tropical junto a Ronald Borjas o el reconocido Tony Succar. Estas experiencias diversas le han enseñado sobre la importancia de adaptarse a diferentes audiencias y situaciones, fortaleciendo su versatilidad y capacidad comunicativa en cada presentación.
En cuanto a su actividad actual, Adrián aconseja a los músicos mantenerse siempre activos y en constante movimiento, explorando continuamente nuevas oportunidades. Su propia agenda es un claro ejemplo: alterna participaciones con la Palm Beach Symphony en Estados Unidos y la Orquesta Nueva Filarmonía en Colombia, con colaboraciones populares en escenarios latinoamericanos. Esta actitud proactiva y curiosa, sostiene Corredor, mantiene viva la inspiración y el desarrollo artístico.
El consejo más significativo que Adrián ofrece es buscar la autenticidad antes que perseguir una perfección técnica vacía. Para él, lo más importante es que la música sea honesta, que logre transmitir emociones verdaderas y conectarse profundamente con el público. Considera que un músico no debe temer a los errores, sino abrazarlos como parte del camino hacia una voz musical propia y única.
Adrián Corredor invita a músicos jóvenes y experimentados por igual a convertirse en auténticos exploradores del sonido. Al aventurarse en diferentes géneros musicales, podrán descubrir que la verdadera riqueza artística no reside en encasillarse en una sola etiqueta, sino en la pasión y el respeto con que se aborda cada nota, cada estilo y cada interpretación.