Alberto Montalti
A tres años de su desaparición física, el arzobispo Thomas Wenski ofició una misa en la Ermita de la Caridad
Alberto Montalti
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@montalti92
El pasado sábado 11 de abril, a tres años de la muerte de monseñor Agustín Román, líder espiritual del pueblo cubano en Miami y representante importante del catolicismo en Estados Unidos, se rindió tributo a su vida y obra en una misa en la Ermita de la Caridad que fue presidida por el arzobispo de Miami, Thomas Wenski.
“La Arquidiócesis de Miami ha perdido a un gran evangelizador que incansablemente predicó el Evangelio a todos”, declaró Wenski en un comunicado tras el anuncio del fallecimiento del monseñor por un paro cardíaco en 2013, “El pueblo cubano ha perdido un gran patriota. El obispo Román fue el Félix Varela de nuestros tiempos”.
El padre Juan Rumín, actual rector de la Ermita de la Caridad, quien trabajó con el monseñor en la Diócesis de Miami durante varios años, habló con DIARIO LAS AMÉRICAS antes de la ceremonia y recordó con unas palabras el legado de Román. El rector se refirió al obispo primero que todo como un hombre de Dios y un hombre de Cuba quien “dedicó su vida a la Iglesia y al pueblo cubano”.
Román llegó al sur de la Florida tras ser expulsado de Cuba por el régimen comunista de Fidel Castro. Fue forzado, junto a 132 sacerdotes, a abandonar el país en el buque español Covadonga el 17 de septiembre de 1961.
Como muchos otros exiliados, nunca pudo regresar a la isla.
Sin embargo, esta conexión emocional con Cuba le ayudó a convertirse en un guía espiritual para muchos exiliados cubanos que se enfrentaban a un cambio radical en sus vidas y quienes añoraban la isla tanto como él.
“Los exiliados encontraron en él un líder espiritual que los llenó de ánimo y fuerza en tiempos difíciles”, comentó Rumín.
Tras su exilio, el padre pasó por España y estudio en Chile y Canadá antes de llegar a Miami, ciudad en la que sólo planeaba hacer una parada antes de volver a Chile. Una vez en Miami, sus compatriotas le convencieron de que pronto les permitirían regresar a su país y que no valdría la pena ir a Chile cuando faltaba tan poco tiempo para su regreso.
“Hice una parada aquí para reunirme con los cubanos y me dijeron que pronto regresaríamos a Cuba”, recordó Román en un video producido por la ciudad de Miami, “pero todavía sigo esperando”, agregó.
Cuando fue seleccionado como obispo auxiliar de la Archidiócesis de Miami en 1979, Román se convirtió en el primer cubano en 200 años en ser designado obispo en Estados Unidos.
Aparte de su arduo trabajo para fundar la Ermita, la cual Rumín denominó su “mayor legado palpable”, monseñor Román será siempre recordado por su labor de mediación en las revueltas de prisioneros cubanos en varias prisiones de EEUU en 1986. Los reos se negaban a ser deportados a Cuba y sólo aceptaron a Román como mediador, quién solucionó la crisis exitosamente.
Cuando la prensa norteamericana le llamó héroe por su trabajo, el sacerdote, respondió simplemente que “un sacerdote, un obispo, es un servidor, no un héroe”.
