Hace unos días, en el almuerzo que todos los viernes ofrece la Peña Rosell, en los salones del Big Five Club, compareció como especial invitada la opositora cubana por los derechos humanos y la democracia para Cuba, Sonia Garro. Ella lleva en el exilio sólo unos días, y nos relató cosas muy interesantes de lo que ella sufrió en Cuba, la situación de acoso y atropellos que tienen que afrontar a diario la disidencia y oposición cívica, esto es, no violenta, bajo la dictadura castrocomunista dentro del país.
Sonia Garro formó parte del grupo Damas de Blanco, que marchan pacíficamente todos los domingos a la salida de la iglesia, en La Habana, pero que también realizan similar actividad en otras localidades del país. Víctima de la persecución policial, al fin fue arrestada, siempre con violencia y arbitrariedad y en un verdadero secuestro, internada durante varios días en una de esas secretas unidades que para estos casos dispone la policía política. Al cabo de un tiempo, fue internada en una de las numerosas prisiones que el Gobierno ha construido a lo largo de la Isla, y durante varios meses estuvo allí detenida sin que se intentaron imputarle hechos, que no había cometido. Al cabo, una campaña internacional en su favor, y bajo las circunstancias actuales de relaciones diplomáticas, Sonia fue excarcelada. Es así que nos trajo sus relatos de lo que tuvo que sufrir, como les pasa a aquellos que, como ella, disienten políticamente del Gobierno.
Primero, la expulsaron de su centro de trabajo y quedó bajo el estigma de que no podría presentarse para trabajar en ningún otro centro en el país. Le fue retirada su libreta de abastecimiento, o sea, el documento por el que las personas pueden recibir las cuotas de alimentos asignadas por el Gobierno. Tenía entonces que buscarse alguna actividad para procurarse algún ingreso, que no fuera de los que podían ser catalogados como actividad delictiva. Se dio a cocinar ciertos pasteles y dulces, los cuales podía vender, en lo que algunos amigos se los compraba.
Como ella prosiguió en las actividades por los derechos humanos y demás reclamos de libertades, fue arrestada por la policía como antes señalo. En manos de la policía represiva, fue objeto de brutales golpizas, al persistir en su lucha. Así fue que en una de ellas, sufrió abusos y golpes que le produjeron una herida bastante grande en la cabeza que, como no le dieron tratamiento médico específico, como la simple sutura de la herida, le llevó mucho tiempo y dolores en cicatrizarse.
Su esposo también sufrió las consecuencias de la posición de disidente de ella, y como él acudía a la cárcel a visitarla y llevarle alguna ayuda, debido a eso lo expulsaron de su trabajo. Marginados así en la tan injusta sociedad comunista, la situación de la familia era desesperada, unida a la persecución, vigilancia y frecuentes visitas amenazadoras de agentes de policía del ministerio del Interior.
Para decepción no exenta de ironía, de Sonia Garro, su esposo y su pequeña hija, a poco de su llegada a Estados Unidos (promisorio país de “libertad y democracia”) después de traer consigo las huellas dolorosas de los momentos infernales que sufrieron en Cuba (donde otros como ellos, ahora también padecen), se encontraron cómo en la prensa salía el reportaje, tristemente festivo, de cómo en la Casa Blanca el presidente del país le ofrecía una recepción jubilosa, fraterna, al grupo musical “Buenavista Social Club”, organismo de la cultura oficial que había venido invitado y en son de fiesta, enviado por el Gobierno dictatorial, represivo y brutal, como embajada artística y cultural, desde Cuba, donde Sonia Garro y familia venían de sufrir tan dolorosa experiencia por luchar por la libertad y la democracia, los mismo valores en los que formalmente se sustenta la gran nación norteamericana.