En las campañas y propaganda políticas de los comunistas, y los de extrema izquierda. sus voceros, al atacar la tradicional sociedad capitalista o democrática, siempre recurren a los esquemas combativos de la lucha de clases, los desniveles socioeconómicos, con el consiguiente privilegio de las “élites” sociales, y las familias acomodadas a la sombra y especial amparo de los gobiernos, que se supone respondían a los intereses de la oligarquía.
En un esquema simple, superficial, y sin más análisis de su paso en el tiempo, eso no carece de cierta veracidad, bajo las banderas de la lucha política. En Cuba, al inicio de 1959, asistimos a ese proceso de combatir la vieja sociedad político económica, en contraste con las clases más pobres, tras cuyas trincheras se irguió triunfante y temible la mal llamada revolución cubana.
Entre los ataques a la tradicional democracia capitalista, los voceros del gobierno castrocomunista señalaban, con sorna y rabia, la vida de privilegios que tenían antes los hijos de las familias económicamente poderosas de entonces: accesos exclusivos a los clubs sociales, automóviles lujosos, viajes a distintos países, superiores recursos económicos, etc.
Pero como expuso en su tiempo el disidente yugoeslavo Milovan Djilas, en su libro “La nueva clase”, en la práctica de esos gobiernos comunistas y centralizados, se crea una nueva clase sociopolítica con muchos mas privilegios que la llamada burguesía de la sociedad anterior, además de la impunidad y el alcance del poder político.
En el gobierno castrocomunista la cúpula del poder disfruta de más privilegios (además del ilimitado poder) que la llamada oligarquía, o burguesía , antes de 1959. Los hijos de estos jerarcas gozan no sólo de más privilegios, sino de posibilidades hasta de despilfarro de dinero que los hijos de la anterior burguesía. Tienen posiciones claves y cómodas en el gobierno, y en las empresas estatales y las instituciones paraestatales. Viven en lujosas casas, que no pagaron, poseen costosos automóviles, tienen cuentas bancarias en el extranjero, realizan viajes a varios países sin restricciones legales y económicas.
Ejemplo de estos casos, se ha en la prensa (bajo la cobertura de un personaje de la literatura infantil) acaso por descuido, el relato de los viajes de recreo, del hijo menor de Fidel Castro, llamado Antonio, tomando como alusión los viajes de Gulliver. Así se revela cómo este descendiente privilegiado ha viajado en largas y frecuentes giras de veraneo, por innumerables países, con un derroche de lujo y gastos, y con invitados especiales, y amigos y amplia cobertura de guardaespaldas.
Además de varias incursiones por países de América, recientemente se le ha visto en Turquía, así como en un recorrido por el Mediterráneo,en un yate de 50 metros de largo (según reportó una agencia noticiosa europea), con una amplia comitiva, para el hospedaje de la misma, reservó cinco suites en un hotel de lujo de una isla griega de dicho mar.
Así, estos herederos de la nueva clase del régimen castrocomunista, se han desarrollado dentro de una élite que está muy por encima de la población general del país, la cual se ha constituido, a su vez, en otra nueva clase pobre que, además de la carencia de bienes y recursos para la subsistencia diaria, viven bajo la opresión político-policial, y no tienen acceso a medios de información para la protesta y el reclamo.
He aquí la nueva oligarquía que se afianzó en el poder sin limites en el tiempo, agitando las banderas de la reivindicación de los pobres y el ataque a los privilegios de la sociedad burguesa.