Los eventos de los últimos días en Baltimore nos hace pensar que la discusión sobre racismo en los Estados Unidos no ha terminado, como tampoco la necesidad de reformar el sistema judicial norte Americano para lograr que sea mucho más efectivo en la evaluación de los casos y que no se juzgue por el color de la piel de una persona o su nacionalidad. Los hechos en donde un joven de la raza negra murió como consecuencia de los contundentes golpes que sufrió su espina dorsal resultan aberrantes y preocupantes. Si bien es cierto la fuerza pública esta para hacer respetar la ley y el orden, también es cierto que su deber es proteger a los ciudadanos sin rendir juicios de valor antes de que una persona sea vencida en juicio. Los recientes casos que muestran a sujetos de la raza negra siendo acribillados por policías sin que exista causa probable de la comisión de un delito sencillamente pone en evidencia que aunque la policía hace su trabajo en la mayoría de los casos, también es cierto que en algunos casos los abusos son tan aberrantes e injustos que el abuso de autoridad es total y preocupante.
Es claro que la labor policial no es fácil, y que estos hombres arriesgan su vida por proteger la ley y el orden, pero en virtud de ese mandato popular de proteger no se pueden confundir con tiranos que se creen dueños de la verdad. Los casos de abuso contra personas de la raza negra también pone en evidencia que estos casos han venido sucediendo durante años y que solo hasta ahora que existen los celulares con cámara es que se demuestra que si existen casos de abusos aberrantes y racismo en contra de ciertas comunidades. No solo es racismo, es utilizar las multas como mecanismo para atacar una comunidad, la idea de disparar por el simple hecho que la persona tenga piel oscura, o en el peor de los casos, que los ciudadanos vean un carro policial y no sientan respeto, sino miedo por no saber qué puede pasar si no hacen lo que el oficial quiere, así sea algo no muy ortodoxo. Ósea, una cosa es que los ciudadanos deben seguir las indicaciones de un oficial, pero otra muy distinta es que sientan miedo de que un policía se acerque porque pueda que sea la última vez que hicieron algo en sus vidas.
Por otro lado, se necesita brindar más oportunidades a comunidades oprimidas para lograr cerrar la brecha entre aquellos que si pueden acceder a todos los beneficios de esta nación americana, y los que no pueden hacerlo y terminan cogiendo caminos equivocados. Pero mas allá de que se deben brindar más oportunidades, muchas comunidades deben reflexionar sobre como crían sus hijos, que ejemplo brindan a estas generaciones que están llenas de odio hacia muchos sectores de la sociedad culpándolos por todos sus males, en muchos casos con razón, y en otros sin ninguna justificación. Lo único cierto es que muchas comunidades debe dejar el role de buscar culpables por sus males, y más bien buscar alternativas que permitan que oportunidades lleguen a sus comunidades sin el odio racial tan marcado que existe de estas comunidades hacia ciertos sectores del país. Por lo visto el problema es más serio de lo que pensamos; por un lado abuso de autoridad y racismo, y por las otras comunidades llenas de odios como consecuencia de un olvido sistemático durante décadas que se ha vuelto crónico.
Entonces la respuesta a la pregunta es; ambos, existe no solo brutalidad sino un racismo que debe parar antes que se convierta en un problema difícil de resolver. La policía debe brindar confianza y no miedo o zozobra. Por otro lado, las comunidades que sienten que son perseguidas por su color de piel deben dejar ya el discurso de que son perseguidos y buscar caminos distintos a los del crimen para lograr cerrar los caminos equivocados. Así se logra evitar brindar justificaciones para que ciertos individuos utilicen esto como pretexto para acabar con la vida de una persona solo porque tiene un color de piel oscura o porque está corriendo y resulta sospechoso. Tal y cual diría el refrán popular, si es negro y corre es un ladrón, y si es blanco, es un Doctor. Estos pensamientos debemos acabarlos, no son dignos de una sociedad avanzada y los policías deben ser los primeros en defender estos principios de igualdad para que incidentes como los del Baltimore no se vuelvan a presentar, o peor aún, como Erick Gardner que fue asesinado de manera miserable y su muerte quedo impune.
Finalmente, debe haber claridad que la mayoría de la policía sabe hacer su trabajo, pero debemos exigir cambios en el entrenamiento para que su desempeño mejore y la sociedad vuelva a sentir no solo respeto sino confianza en su policía.