sábado 11  de  abril 2026
ATENTADOS

Ola de violencia aterroriza a los israelíes

Los ataques son difíciles de evitar por las fuerzas de seguridad porque son provocados por jóvenes en solitario, pero la población de Israel tiene fe en que se encontrará una solución

Decenas de personas han perdido la vida en las últimas tres semanas en Israel y la Ciudad Vieja de Jerusalén a manos de algún “lobo solitario”: un adolescente o joven que de pronto saca un cuchillo o pistola y se lanza contra quienes tiene a su alrededor para acabar con sus vidas, y sólo se detiene cuando las fuerzas de seguridad logran atraparlo.  

Los fallecidos a causa de estos atentados ascienden a 47 palestinos, ocho israelíes, un eritreo y un atacante árabe israelí. Además, más de un millar de personas resultaron heridas, según fuentes palestinas consultadas por la agencia EFE.

“Los últimos ataques dan una sensación de que esta ola de violencia no se puede controlar, por el perfil de los agresores que la mayoría son palestinos seculares, que estudian aquí en Israel y están trabajando de este lado. La mayoría son muy jóvenes y actúan solos, es más difícil detectarlos”, dijo Jael Sarah Eskenazi, estudiante peruana que vive en la zona del conflicto, consultada por DIARIO LAS AMÉRICAS.

En total, suman más de 20 atentados. El experto en seguridad Amos Harel del diario israelí Haaretz dio más detalles sobre los agresores: El menor tenía 13 años. También hubo algunas mujeres. Casi ninguno pertenecía a una organización militante. Algunos, pero no todos, eran musulmanes practicantes. Y la mayoría de ellos eran habitantes de Jerusalén oriental con documentos de identidad israelíes, lo que les posibilitaba, al contrario que a los palestinos de Cisjordania, moverse libremente en todo Israel y en Jerusalén.

Todo esto dificulta a las fuerzas de seguridad israelíes prevenir los ataques de estos "lobos solitarios", comentó Harel. "¿Serviría realmente de algo una ola de redadas y detenciones cuando la 'infraestructura del terrorismo' consiste en adolescentes armados con cuchillos de cocina?", se preguntó.

Se estima que el detonante del reciente brote de terrorismo es la disputa por el futuro de la Explanada de las Mezquitas (o Monte del Templo) en Jerusalén, un lugar sagrado tanto para musulmanes como para judíos. Pero seguramente fue decisiva en esta situación la falta de perspectivas a la que se enfrenta la juventud palestina en Jerusalén oriental, anexada por Israel, y la ocupada Cisjordania, según reseña la agencia dpa.

En la época de los atentados suicidas con muchos muertos a principios del nuevo milenio, los militares israelíes podían señalar al trasfondo organizativo del terrorismo: los talleres en los que se fabricaban las bombas, los flujos de dinero provenientes de los financiadores o los cerebros detrás de todo, a los que se buscaba y se mataba o detenía.

Pero hoy parece faltar esta organización de fondo. En el mejor de los casos, los jóvenes "lobos solitarios" toman su motivación de espacios turbios y anónimos en internet.

Amor por su tierra

La mayoría de los residentes de la zona de conflicto consultados por este diario aseguran que a pesar del nuevo brote de violencia que sufren, no van a abandonar su tierra y continuarán sus vidas allí con la esperanza de que se termine pronto esta situación.

Rajel Leghziel, de México y quien vive en Jerusalén, comentó que todos están tomando precauciones: “El día a día ha cambiado, esperamos que esto se solucione pronto porque está afectando un poco nuestra vida cotidiana”. Aseguró, sin embargo, que la gente sigue saliendo a la calle y llevando su vida con normalidad.

“Yo no estoy de acuerdo con que la gente tenga armas en las calles, porque eso genera nervios y paranoia, cuando la gente ve a otros civiles armados no saben cómo reaccionar. Las armas las deberían tener sólo las fuerzas de seguridad”, opinó.  

 Leghziel cree que esta situación debe solucionarse con diálogo de los dos lados, de Israel y Palestina, "con un compromiso muy grande para que haya paz, porque ahora lo que vemos es que hay más provocación que compromiso, debe haber diálogo, no más violencia con violencia”.

Isaac Mulkai, un cubano que vive en Ashkelon, a 15 kilómetros de la Franja de Gaza, dijo al respecto: “Esta situación es tremenda y muy triste, hay que enfrentarla con mucho valor. A los cubanos que estamos en Israel nos duele mucho que pase esto. No se puede creer que algo así esté pasando, cuando Israel le da ayuda a los enemigos de todo tipo, con alimentos, trabajo y agua... Esto es una guerra sucia. Creo que el Gobierno no está haciendo lo suficiente para protegernos".

Mulkai llegó hace poco tiempo a la zona y desde entonces está trabajando en la Operación Margen Protector. "Nosotros hemos venido a trabajar", dijo, "y queremos lo mejor para esta área, no sólo para Israel, sino que queremos `shalom´ para el Medio Oriente, que haya paz". Su deseo de "volver al hogar judío" era muy grande, y como hombre del deporte que es, aseguró que tratará de contribuir a Israel, siempre "buscando la paz entre los pueblos".

Jael Sarah Eskenazi, agregó que ella no abandonaría el lugar aunque la violencia continúe, así como el resto de la población israelí. “Aquí nada nos para, la gente sigue haciendo su vida normalmente, aunque con más cuidados, tratan de enfrentarlo como sea pero siguen, lo puedes haber visto en todos los ataques anteriores. No se encierran o se van, no se quieren ir. Confiamos que la situación va a mejorar. Creo que el Gobierno hace lo que puede”, opinó.

Fuera de control

El presidente palestino, Mahmud Abbas, ya se lamentó hace tiempo de que se le estaba escapando de las manos el control de la juventud palestina. Abbas dejó en claro que no apoya la actual ola de violencia. "Esto no le sirve a la lucha de los palestinos", dijo recientemente.

Algunos comentaristas en Israel ven en esta ola de violencia no sólo un levantamiento contra el status quo político en Cercano Oriente, sino también una revuelta de la juventud contra la administración autónoma de Abbas, considerada corrupta e ineficiente.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a su vez, no se cansa de calificar esta violencia de resultado de la incitación de políticos árabes radicales en Israel.

"El terrorismo no es consecuencia de la frustración por la falta de progreso en el proceso diplomático", señaló ante el Parlamento israelí en referencia a la paralización de las negociaciones sobre una solución de dos Estados para Israel y Palestina. "Más bien está claro que responde al deseo de destruirnos".

Una y otra vez Netanyahu, que gobierna desde 2009 y que en 2013 fue reelegido por un estrecho margen, prometió a sus votantes que respondería al terrorismo con una política de mano dura.

Pero por el momento debe conformarse con medidas concretas a menor escala: penas mayores para quienes lanzan piedras, destrucción más rápida de las viviendas de terroristas o procesos de prohibición contra organizaciones islámicas.

Sus propios asesores le aconsejaron que evite medidas a mayor escala como grandes redadas en ciudades o barrios palestinos o la cancelación de los permisos de trabajo. Le sugieren que evite desafiar también a aquel segmento de la sociedad palestina que conforma la mayoría y que por ahora se mantiene en silencio.

En la época de los atentados suicidas, se podían evitar las grandes aglomeraciones y, durante los ataques con cohetes desde Gaza, había indicaciones claras sobre cómo protegerse en los refugios, señala la experta en estrés postraumático. "Pero con los ataques con cuchillos la gente se da cuenta de que no existen advertencias ni espacios donde protegerse".

Mientras tanto, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, dijo el martes en un video que la espiral de violencia en la región ya era "suficiente, es suficiente. Dejemos de hipotecar el futuro de ambos pueblos (Israel y Palestina) y de la región". 

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