sábado 21  de  febrero 2026
AQUÍ TRAIGO LA CLAVE

La base melódica del Sonido bestial

La ciudad de Nueva York vio nacer las bases de eso que a los pocos años fue bautizado como salsa, donde todas las tendencias tropicales y bailables se sintetizaron, aunque no para simplificarse sino para alcanzar ribetes modernos

Por IVÁN GONZÁLEZ

@ivanGonRom

En 1974, y luego de muchas noches de droga y locura, Richie Ray decidió que era hora de cambiar su estilo de vida. Después de alguno de sus delirios, producto de momentos exacerbados a causa de todo lo que la fama trae consigo, sintió la sugerencia de una voz que le pedía dejar de ser lo que había sido. Cambió en mucho al sentir eso que alguna vez denominó “el llamado de Dios”, pues se convirtió al cristianismo, paró las farras y las drogas, pero al menos siguió haciendo lo que mejor hacía, como era tocar buena música desde el piano.

Años atrás, en 1963, Ricardo Maldonado había iniciado una dupla al lado de Roberto Cruz. Richie y Bobby redujeron sus nombres al juntarse y conformar un grupo histórico, con mucha solidez musical e interpretativa, que desde la ciudad de Nueva York se asentó para establecer las bases de eso que a los pocos años fue bautizado como salsa, donde todas las tendencias tropicales y bailables se sintetizaron, aunque no para simplificarse sino para alcanzar ribetes modernos.

En aquellos años donde Richie y Bobby armaron su banda, y se aseguraron de convertirse en punta de lanza de un movimiento con epicentro en la Gran Manzana. Desde esa geografía operaba un cambio musical, pues el cierre de las fronteras de Cuba y la nueva oleada de música anglo produjo una sonoridad diferente, en ese empeño por conquistar audiencias renovadas, producto del movimiento migratorio que había arrojado oídos nuevos, como esos que ahora tenemos con los hijos de los inmigrantes llegados a Miami. Eran los mismos tiempos en los que Charlie Palmieri, Johnny Colón, Joe Cuba y Pete Rodríguez se convertían pioneros, al hacer el puente de lo que ahora llamamos los ritmos tradicionales salidos de Cuba y en otra escala, de Puerto Rico.

Aquella segunda generación de puertorriqueños, cubanos y dominicanos asentados en Nueva York hablaban inglés y también español, pero tenían como primer idioma al predominante en Estados Unidos. Los músicos trataron de llegar a la audiencia con ese mestizaje, así que cuando Tito Rodríguez, Tito Puente y Machito comenzaron a sonar como “la música de los padres y abuelos”, el Boogaloo primero  -esa mezcla entre el twist y el son- y el Jala Jala después –el invento de Roberto Roena mientras militaba en El Gran Combo- conquistaron a la juventud de los 60.

Y allí estaban Richie y Bobby. El del piano tenía el background diferente para proponer novedades. A diferencia de otros músicos, Richie estudió armonía y composición en la High School of Performing Arts de Brooklyn, donde a pesar de la diferencia de edad (Bobby es ocho años mayor) ambos se conocieron. Al terminar la secundaria obtuvo el título de músico clásico en el Conservatorio de Música de Brooklyn. Por eso los aires de Beethoven, Chopin y Bach suelen correr entre los temas más famosos.

Todo fue pensado para los bailadores, muy a pesar del bagaje de Richie. En Colombia, la sonoridad de las agrupaciones salseras que dejaron huella en Cali, Medellín y Barranquilla, estuvieron marcadas por esta agrupación. Luego en Puerto Rico, donde se radicaron a partir de 1971, comenzó a escucharse en su música un patrón en el cual afincarse.

Cuando la salsa hizo acto de presencia, Richie y Bobby dieron el salto hacia esa corriente. Resulta curioso que de todas las parejas salseras de los 60 y los 70, sólo esta sobrevive. Ni Pacheco y el Conde, ni Colón y Lavoe (o Blades), ni Cortijo e Ismael, ni ningún otro pudieron durar tantos años juntos. Las ideas musicales, la amistad o la religión se encargaron de apretar los lazos. 

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