sábado 21  de  febrero 2026
DE PELÍCULA

Nostalgia estilo "Brooklyn", 1952

Es otra novela llevada al cine, y por esa adaptación está nominado al Oscar Nick Hornby, que ya lo estuvo en el 2009 con An Education 

Por JOSÉ ANTONIO ÉVORA

José Antonio Évora 

Ahora que se habla tanto de inmigrantes, y considerando que la nostalgia no es muy rara en Miami, vale la pena ver Brooklyn. Su protagonista no huye de una tiranía ni de la violencia del narcotráfico: es una muchacha irlandesa de principios de los años 50. De todas formas, aun moderada y con matices diferentes, la nostalgia duele donde mismo.

Es otra novela llevada al cine, y por esa adaptación está nominado al Oscar Nick Hornby, que ya lo estuvo en el 2009 con An Education. Pero de las tres nominaciones que tiene Brooklyn este año, incluyendo una en la categoría de mejor película, la que más apunta a llevarse una estatuilla es la de mejor actriz principal, porque Saoirse Ronan no tiene desperdicio en el papel de Eilis.

Corre 1952 en Enniscorthy, un pueblecito del sureste de Irlanda. Eilis trabaja en la tienda de una señora que dispensa su codicia maltratando a los clientes. No la soporta, pero ahí está, hasta que su hermana le consigue un pasaje a Nueva York, donde la esperan una casa de huéspedes, un empleo en una tienda por departamentos y un sacerdote que será su tutor. Mientras las otras muchachas irlandesas del boarding house alardean y se burlan de ella, Eilis seduce calmadamente a Tony, un hijo de inmigrantes italianos que le va curando la nostalgia. Pero algo la hará regresar a Irlanda, y entonces deberá elegir entre quedarse para siempre donde alguna vez pensó que no tenía futuro o volver a Tony y a Estados Unidos.

La película costó $10 millones de dólares, y hasta ahora ha recaudado más de $42 millones. Una emblemática sala de cine de Dakota del Norte, Fargo, está reportando que Brooklyn ha entrado en su duodécima semana consecutiva de proyección, con lo que superó las once semanas y media de Iron Man 2 en el 2010. En el sitio de internet Rotten Tomatoes, el filme registra un asombroso promedio de 98% de críticas favorables y un 89% de aceptación del público.

La explicación es simple: Brooklyn toca un tema desgarrador con una historia hermosa en medio de las adversidades. La nostalgia cubana, si voy a poner el ejemplo que conozco mejor, siempre pasa por el sacrificio de la adaptación, que a fin de cuentas engendra inadaptados perpetuos. Claro que hay una diferencia entre exiliados y emigrantes. Pero los protagonistas de Brooklyn tienen la vista puesta en el futuro, no en el pasado. Hay en sus vidas un leit motiv que parece ir desconectándolos del lastre para buscar altura. La época facilita bastante las cosas, porque entonces el terrorismo se reducía a un Moscú demasiado ocupado en devorarse a sí mismo.

Buena parte de las decisiones de la protagonista tienen mucho que ver con una historia de amor. Es un romance sin tempestades que pone a la actriz, Saoirse Ronan, ante el desafío de lucirse desde el recato y la prudencia. La procesión va por dentro, decían los abuelos cuando alguien sufría en silencio. Aquí faltan momentos escandalosos y sobran pinceladas deslumbrantes. Las penas, representadas con una orfebrería gestual que inflama la elocuencia contenida, lo asoman a uno no sólo a esos temperamentos forjados en la moderación, sino a todo lo que sus atributos generaban socialmente en la época, desde la ropa hasta el baile. Y en medio de la distancia que abren las diferencias, por encima de todo uno siente la cercanía. El cine como la máquina del tiempo que es.

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