LA HABANA.- "Impotencia". Con esa palabra responde una artista del Teatro Guiñol, ubicado en el sótano del edificio Focsa, en La Habana, cuando se le pregunta su opinión sobre la nueva doctrina Trump hacia Cuba.

En medio de un calor africano, un grupo de ocho personas espera para navegar por internet en una sala que administra el monopolio estatal de telecomunicaciones, ETECSA. La artista del guiñol intercambia criterios sobre el suceso de la semana: la derogación por parte de la administración de Donald Trump de la estrategia de distensión de Obama.

A pie de calle, los cubanos que cobran salarios simbólicos, desayunan sólo café y constantemente se quejan de la ineficacia de los servicios públicos y la incapacidad para mejorar la calidad de vida, la trama política les resulta un fastidio.

Derechos Humanos, democracia o libertades políticas suenan bien, pero no se comprenden en su pleno contexto. Al menos es que lo se deduce de las opiniones vertidas por los que esperan en la cola. Algunos aclaran que lo hacen a título personal, que vieron a Trump por el canal Telesur, y aún no ha leído las nuevas medidas.

Marionetas

Por falta de tiempo, cansancio ante el barraje propagandístico de la prensa oficial, que ha provocado que muchos compatriotas hayan decidido no informarse y escudarse en los chismes difundidos en las redes sociales. Pero el grupo que aguarda para conectarse a internet dispara a matar hacia cualquier lado.

“Todos hablan del pueblo, de la disidencia de aquí, de los congresistas cubanoamericanos de allá, del gobierno de acá, pero ninguno ha encontrado la fórmula para que podamos obtener beneficios de una determinada política. Obama lo intentó, pero los ancianos que nos gobiernan no permitieron que quienes tienen negocios particulares salieran adelante. Yo me siento como un rehén. Una marioneta en mano de un gigante”, confiesa la artista.

Una señora, ama de casa, locuaz y fumadora empedernida, con tono de disgusto, pregunta: “¿Qué ha ganado el pueblo con la política de Obama? Nada". Y ella misma se responde "Esta gente (el Gobierno) no quiere cambiar. La miel del poder -dice con ironía- no la van a soltar. Trump es un loco, un payaso. El tipo es un sangrón. Su discurso fue puro teatro. Todo es politiquería barata. Y en el medio los cubanos que seguimos y seguiremos jodidos. Esto no hay quien lo cambie, pero tampoco quien lo tumbe”.

Un trabajador por cuenta propia afirma que no ve solución al problema de los cubanos, porque “no hemos tenido timbales para enfrentar las arbitrariedades del Gobierno. Aguantar y jodernos, es lo que nos toca. Con su muela jorobada, Trump lo único que va a provocar es que comiencen de nuevo las marchas de reafirmación revolucionaria condenando la injerencia yanqui. Ya eso se ve venir”.

En un parque de la Habana Vieja, las personas tampoco son optimistas. Todo lo contrario. “Ño, brother, yo pensé que el One iba a restablecer la ley pie secos-pie mojados. Cómo único se resuelve esta mierda es permitiendo que la gente se marche de Cuba. ¿Tú crees que acá la gente se va sumar a las Damas de Blanco pa’ coger palos? La gente seguirá en lo suyo, en la resolvedera por la izquierda y tratando de buscarse cuatro pesos. No hay manera que el cubano se tire pa’la calle. A no ser pa' hacer colas en los consulados extranjeros o que Gente de Zona haga un recital público”, señala un joven en el Parque del Curita, mientras espera el metrobús rumbo a Santiago de las Vegas.

Perspectivas

Casi 60 años después del dilatado y estéril pulso político entre las diferentes administraciones de Estados Unidos y los hermanos Castro, un segmento amplio de ciudadanos considera que están en tierra de nadie, en una batalla infructuosa y que jamás les han pedido permiso, ni los gobernantes cubanos ni los estadounidenses. También piensan que en La Casa Blanca siempre ha primado la ingenuidad política, por los reiterados intentos de exportar valores democráticos a una cofradía de autócratas con mentalidad de gánsteres y buscapleitos de barrio.

“Es una narrativa repleta de ambiciones personales, seudoexaltación patriótica y nacionalismo barato, que solo ha servido para cimentar una historia de líderes intransigentes y soberanos que jamás permitieron la injerencia estadounidense. Como cuento está bien, pero esa política de confrontación en los dos lados, ha dejado un único ganador: el régimen Fidel y Raúl Castro. Los demás hemos sido los perdedores. Los que no estaban de acuerdo con la revolución o querían emigrar, les llamaron 'gusanos'. Las familias se dividieron y les impidieron tener trato con los parientes en Estados Unidos. El resultado es lo que vemos hoy, un gran número de cubanos intolerantes hacia los que piensan diferente, muchos quieren emigrar, las mujeres no desean tener hijos en su patria y, en general, una gran indiferencia ciudadana hacia los problemas de su país”, señala un sociólogo habanero.

Más reacciones

La reacción oficial ha sido comedida. Por ahora. Un funcionario del órgano oficialista Partido Comunista asegura que “el Gobierno no se va tirar a una campaña de descrédito frontal contra Trump. Sí, por supuesto, las diferentes instituciones del Estado se movilizarán para demostrarle que el Gobierno todo lo tiene bajo control. Pero el discurso de Trump fue más rollo que película. Excepto los viajes de estadounidenses a Cuba, que indudablemente afectará la economía nacional, el resto se mantiene, porque los negocios con empresas militares es en sólo dos hoteles”.

El dueño de un paladar en la Habana Vieja cree que “si dejan de venir los yumas existirán afectaciones en el sector privado, pues casi todos se alojan en casas particulares, recorren la ciudad en almendrones descapotables y almuerzan y cenan en paladares privadas”.

No fueron buenas las noticias para los cubanos con planes de emigrar a Estados Unidos. “Muchos ilusos pensaban que Trump era un tipo chévere y restablecería la política de pies secos-pies mojados. Yo no esperaba tanto, pero al menos pensé que los congresistas cubanoamericanos influirían para que Trump aprobara el otorgamiento excepcional de visas a los cubanos que andan en Centroamérica, México y países del Caribe y que reactivarían el programa de otorgarle refugio a los médicos cubanos que desertan de sus misiones”, apunta un ingeniero, que sueña con radicarse en Miami.

La percepción que se vive ahora mismo entre los cubanos de a pie es que están de vuelta a un escenario conocido. El de las trincheras. Repleto de discursos antiimperialistas y cero tolerancia al pensamiento libera sea del color que sea. El escenario donde mejor se desenvuelven los jerarcas que visten de verde olivo.

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