Cuando es inminente el paso del potente huracán Irma por Cuba, muchos en la isla invocan a la buena suerte mientras se quejan del desabastecimiento de alimentos, productos básicos y hasta de un pedazo de cartón o tabla para proteger las puertas y ventanas de sus desvencijadas casas.

Más de 36.000 turistas extranjeros de vacaciones en hoteles del oriente y centro del país están siendo evacuados, según medios locales, que citaron al ministro de Turismo, Manuel Marrero.

Desde este jueves en la noche se espera que las condiciones del tiempo empeoren para provincias orientales como Guantánamo, Holguín y Las Tunas, donde el gobierno ha repartido por adelantado los productos de una mínima canasta básica de alimentos que tendrán que cocinar antes de que el servicio eléctrico sea retirado, a causa de los vientos de unos 280 kilómetros por hora.

Cubanos consultados por Diario Las Américas se quejaron, por ejemplo, de que a la espera de un huracán de categoría 5 en la escala Saffir-Sompson, productos de larga duración y que no necesitan cocción están siendo vendidos en divisas, en un país donde la mayoría de los salarios son pagados por el Estado en moneda nacional.

"Lo que están suministrando a las tiendas recaudadoras de divisas no alcanza ni para empezar, ponen agua, galletas, latas y vuelan. La gente está sacando el poco dinero que puede tener porque no se sabe qué va a pasar, ni cuánto va a durar", dijo Martha González, que vive en la capital de la provincia de Granma.

En el oriente de la isla, por donde se espera que Irma haga los mayores estragos, es menos probable que las personas cuenten con divisas, en parte porque son zonas donde apenas existen fuentes generadoras de moneda dura como el sector turístico, que se concentra en La Habana y sitios específicos como Varadero, en Matanzas.

Y aunque el desabastecimiento no es una novedad para la isla, cuyos habitantes han debido sobrevivir careciendo de casi todo tras décadas de severa crisis, el paso del huracán incrementa la escasez y la angustia de los cubanos.

"Estamos esperando enfrentar un fenómeno prácticamente con los brazos cruzados", dijo Yunieski San Martín, que vive en Las Tunas.

El gobierno cubano activó en los últimos días su plan para hacer frente a los posibles estragos de ciclones que suelen amenazar cada año, incluyendo evacuaciones a personas que habitan en zonas vulnerables.

Escuelas y centros de trabajo han sido habilitados para los necesitados, a los que garantizan agua y comida. Pero no pocos salen de sus casas con la certeza de que no podrán regresar.

"Te dicen que tienes que reforzar los techos, las ventanas, pero no hay dónde comprar nada, ni un pedazo de madera, ni un pedazo de cartón. Las tejas van a salir volando porque no tengo con qué amarrarlas", dijo Carmen Veitía, desde Santiago de Cuba.

Se esperan marejadas por la costa norte de la región oriental de Cuba, con olas de 3 a 6 metros de altura, mientras que en el oriente y centro de la isla está previsto entre 100 y 250 milímetros de precipitaciones, y hasta 380 milímetros en algunas zonas.

El potencial desastre que dejaría Irma se une a la crisis y mal estado de las viviendas dejado por el paso de huracanes por la isla. Muchos de los que perdieron sus casas durante ciclones como el que está por arrasar, han vivido por décadas en albergues que en su momento fueron presentados por el gobierno como "temporales".

La opositora y economista cubana, Martha Beatriz Roque, advirtió que las pérdidas serán numerosas de acuerdo a los pronósticos, al tiempo que especificó que el gobierno no cuenta con reservas monetarias para responder al impacto del potente huracán.

"En estos momentos no hay ni qué comer, y miles de familias viven en casas en muy mal estado", declaró Roque.

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