LA HABANA.- Lo último que se pierde es la esperanza. Y aquéllos que tienen planes para emigrar hacia Estados Unidos mantienen un optimismo a prueba de balas.

Muy cerca de un pequeño parque en la calle Calzada, aledaño a la funeraria Rivero, decenas de personas intranquilas esperan su turno para la entrevista consular en la embajada estadounidense, ubicada en el barrio habanero de El Vedado.

Ronald, un mulato que ronda los seis pies de estatura, solicitó una visa de turista para visitar a su madre en Miami. Antes de ir a la embajada se bañó con flores blancas, y sonando una maraca de güiro ennegrecida ante un altar, le suplicó a la Virgen de la Caridad que le aprobaran el viaje.

En el exterior del recinto diplomático, decenas de personas esperan ansiosas. Cada una tiene una historia que contar. A varias les han denegado la visa hasta cinco veces y los que acuden por vez primera, en su afán de obtener una visa USA, apuestan por la astrología o cualquier brujería.

Daniela es una de esas personas. “Caballero, dice la carta astral que Trump orientó a la embajada dar la mayor cantidad posible de visas”, informa a algunas personas de la cola.

Se expanden rumores en las fila de aquellos que leyeron en las redes sociales-nunca en la prensa seria, de que Trump, en su próximo discurso en Miami, derogará la ley de Ajuste cubano, bajo la cual, quienes emigran de la isla, al año y un día de residir en EEUU, tienen derecho a solicitar su residencia permanente.

En un parque con conexión a internet vía wifi en la calle Línea, contiguo a la clínica Camilo Cienfuegos, a dos cuadras de la embajada de EEUU, Yaibel comenta con un grupo de internautas que un amigo residente en la Florida le contó por Facebook que Trump iba otorgar visa abierta a todos los cubanos.

Las teorías más descabelladas circulan por la ciudad entre aquellos que sueñan emigrar. De nada valen los hechos o promesas de Trump de cerrar el grifo a la emigración.

Tipos como Josué se aferran a cualquier cosa para pensar que su suerte va a cambiar. “Ese es el chisme que hay. Que ‘Trompo loco’ va abrir de nuevo las puertas para los cubanos. Socio, somos el único país de América Latina que vive en dictadura. Si nos dan carta blanca se van tres o cuatro millones de personas. El Mariel se queda corto. La mejor manera de acabar con el régimen es esa. Esta gente-el gobierno-se quedará solo”, opina el joven.

Por efecto dominó algunas personas se hacen eco de tamaña fantasía. “A mí me dijeron que iban a otorgar cinco millones de visa de trabajo a los cubanos. A la gente la ubicarían en aquellos estados que necesiten mano de obra. Las personas tendrán que regresar al cabo de un año, pues la Ley de Ajuste se va a bolina”, señala Daniela, quien no recuerda dónde escuchó esa versión delirante.

Ahora hablemos serio. Si algo ha demostrado Donald Trump, además de superficial y errático, es ser un presidente profundamente antiinmigrante. Pero no pocos cubanos de a pie quieren aferrarse a lo contrario.

Los que anhelan emigrar son el único segmento poblacional que espera con optimismo buenas noticias de Trump. El registro de opiniones para el resto de los cubanos va de la indiferencia a la preocupación.

En el sector de la disidencia local, los que creyeron que Trump iba a abrir la billetera o dar marcha atrás a la estrategia de distensión de Obama, luego de que la Casa Blanca anunciara el retiro de veinte millones de dólares para programas de la sociedad civil, se extendió el pesimismo.

“Aquellos grupos que obtenían dinero gracias al Departamento de Estado se están halando los pelos. Pero los que reciben finanzas del exilio cubano no están tan desprotegidos”, indica un opositor que prefiere el anonimato.

El Palacio de la Revolución en La Habana posiblemente sea el sitio que con más impaciencia espera los pronunciamientos de Trump. La autocracia verde olivo ha intentado ser prudente con el magnate neoyorquino.

Contrario a la estrategia de Fidel Castro, que a la primera de cambio, montaba un show nacional y extensos discursos antiimperialistas, el régimen del menor de los Castro ha bajado el tono lo más que ha podido.

En momentos puntuales le ha criticado. Pero sin ofensas y manteniendo el ramo de olivo, pues el gobierno apuesta por continuar el diálogo con EEUU, que se derogue el embargo, recibir a millones de turistas gringos e iniciar negocios con empresas norteamericanas.

Los analistas oficiales esperan que Trump se decante por su vena empresarial. La autocracia ofrece en bandeja de plata a los negocios. Siempre que sea con empresas estatales.

Según una fuente que trabaja en Comercio Exterior, “lo ideal sería seguir el camino trazado por Obama. Cómo están las cosas en Venezuela y la crisis económica interna, el deseo oficial es que las relaciones con EEUU se profundicen y comiencen las inversiones millonarias. El gobierno va a ceder mientras no lo acorralen con el discurso de los Derechos Humanos. Espero que Trump sea pragmático. Si abre fuego y se vuelve al escenario del pasado, entonces los de acá volverán a meterse en la trinchera. La confrontación no logró nada durante 55 años. En solo dos años de la política de Obama, además del pánico entre muchos dirigentes, hubo una gran aceptación popular”, subraya el funcionario.

En las calles de La Habana, Trump no es muy bien apreciado. “Ese tipo es un demente. Pesado y cretino a más no dar. Si echa pa’atrás la cosa a mí me da igual. La mayoría de los cubanos comunes no nos beneficiamos para nada con los acuerdos del 17 de diciembre [de 2014]. Claro, yo creo que la culpa fue del gobierno”, acota Rey Ángel, obrero.

Y es que el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la política de distención de Obama para acercarse al sector de trabajadores privados en la Isla, provocó más cintillos de prensas que hechos concretos.

Las personas consultadas no creen que Trump recorte el envío de remesas o los viajes de cubanos radicados en EEUU. “Si lo hace jode a un montón de gente que vive del dinerito y las cosas que te puede enviar la familia desde el norte”, apunta una señora en la cola de una oficina de Western Union.

Una ruptura de la estrategia de Obama decididamente perjudicaría al régimen militar. Y todo apunta a que la Casa Blanca lanzará sus torpedos hacía esa línea de flotación. Aunque se puede esperar cualquier cosa. Trump es Trump.

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