MADRID.- @itxudiaz

Los ingleses son unos tipos maravillosos cuyo principal defecto es no haber nacido en España. Pero de haberlo hecho, estarían ahora borrachos en las playas del Mediterráneo, como si fueran vulgares alemanes. Gracias a haber nacido en Londres y otras lejanas ciudades de bruma y orden, ha podido llegar ahora un español, Ignacio Peyró, a aclararles lo que son y lo que representan para el mundo y la historia, a través de las mil páginas más apetecibles que me he echado al diente en los últimos tiempos. Me refiero naturalmente al libro de moda en España, Pompa y circunstancia, que saldrá también en América Latina, y del que pronto hablarán hasta los chinos, tan pronto como aprendan a hablar español tan bien como Cristina Fernandez de Kirchner.

Presentado como un “diccionario sentimental de la cultura inglesa”, la obra llega mucho más lejos, retomando el gusto por la escritura enciclopédica, sin que lo erudito empañe la sonrisa, ni el rigor impida la más brillante crítica cultural. Que al fin, el éxito de Pompa y circunstancia es lograr en el año 2015 un libro de más de mil páginas que puede leerse entero sin caer rendido al tedio. Más bien al contrario, experimenta el lector la extraña sensación, muy próxima a lo alucinógeno, de estar viajando a través de un clásico de la literatura, de esos que quedan para la posteridad. Confieso que salvo el ron Pampero Aniversario, ver perder al F. C. Barcelona, y los masajes en la planta de los pies, no he encontrado en los últimos meses ningún placer superior al que proporciona la lectura de estas páginas.

Acapara Ignacio Peyró dos grandes virtudes. La primera es que es amigo mío, lo cual no le convierte en el mejor escritor del momento en lengua hispana, pero le deja en un lugar muy próximo. Y la segunda es que, aún embutiendo en su cabeza uno de los cerebros más leídos del universo, logra ser tan culto como ameno a la hora de expresarse, ya sea por vía escrita, oral, o en supositorios. Y eso es porque sabe mejor que nadie que lo más importante de la sabiduría es no emplearla como arma para martirizar al prójimo.

Tengo para mí que el mejor escritor es aquel que consigue que continúes leyendo aún cuando ya ha quedado demostrado que algo no te interesa. En las mil páginas de esta enciclopedia británica hay algunos apartados que, lo admito, no lograrían dejarme en vela durante toda la noche. Es el caso, por ejemplo, de las diez mil variedades caninas que han hecho historia en Inglaterra. Y sin embargo, por obra de la graciosa escritura de Peyró, no he pestañeado informándome sobre el asunto, como si mañana mismo fuera a vaciar la tienda de animales más próxima y llenar mi nevera de perros ingleses, si es que tal cosa se guarda en el refrigerador, que es un matiz doméstico que se me escapa.

Y sin embargo, la gran mayoría de personajes, anécdotas, costumbres, tiendas, bebidas, y objetos ingleses, que nos acerca Peyró en Pompa y circunstancia, resultan rabiosamente entretenidos, aunque hasta en el gozo discreto se ha empapado el autor para no desmerecer las costumbres de los viejos caballeros londinenses. Quizá por la suma de todas estas cosas se ha escrito ya en la prensa española que estamos ante el mejor libro del año. Y es que en realidad en España se ha dicho todo ya sobre el libro, por eso he venido a esta ventana a traer la buena nueva a los Estados Unidos, y que ustedes se crean que la ocurrencia ha sido mía.

Ignoro si, más allá de Amazon, Pompa y circunstancia está ya a la venta en Miami. Así que no sé si tendrán ustedes que sobornar, suplicar, amenazar, o corromperse como políticos venezolanos, para hacerse con un ejemplar de esta obra editada por Fórcola. Háganlo. Háganlo sin reservas. Hagan lo que sea necesario para conseguirlo y, en caso de que tenga consecuencias penales, deslicen los honorarios de su abogado a la cuenta bancaria del gran Ignacio Peyró, que calculo que en tres meses podrá alzar su busto en oro con los beneficios de este libro; inesperado best seller de la nueva y abrumadora generación de jóvenes autores hispanos, compuesta esencialmente por él y por quien esto escribe, que para eso aún mando yo en mis columnas.

En síntesis y para que lo puedan entender incluso los audaces lectores de E. L. James: Pompa y circunstancia es como El código Da Vinci pero sin El código Da Vinci y sin Dan Brown. Es decir, es una maravilla. Una joya literaria. Un derroche de buen gusto, entretenimiento, y sabiduría. Y es el libro que los ingleses jamás soñaron que se escribiría sobre los ingleses. 

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