LA HABANA.- En la Cuba de Fidel Castro, cuando mostrar pasión por el deporte, la música o el cine estadounidenses era sinónimo de “diversionismo ideológico”, Leonel Romero, 76 años, temprano en la mañana, con el audio bajo, sintonizaba la Voz de América (VOA) para conocer los resultados de las Grandes Ligas (MLB, por sus siglas en inglés).

“Fue una época negra. Había una censura profunda alrededor del acontecer deportivo de las ligas de Estados Unidos. Un amigo que trabajaba en el aeropuerto nos conseguía periódicos estadounidenses que venían en los aviones y a través de los espacios deportivos de la VOA, y más tarde en Radio Martí, nos manteníamos actualizados”, cuenta Romero.

Termina de fumar su mocho de tabaco y continúa hablando: “Éramos una peña espontánea de diez o doce personas que intercambiábamos informaciones y estadísticas de las Grandes Ligas. Recuerdo que en 1984 seguimos expectantes la Serie Mundial, donde los Tigres de Detroit se coronaron campeones. Allí jugaba el pelotero cubano Bárbaro Garbey. Luego, cuando Radio Martí salió al aire, a pesar de la fuerte interferencia del gobierno, escuchábamos los juegos narrados por Edenio Navas y Orlando ‘El Guajiro’ Peña. Ahora las autoridades permiten que una vez a la semana, de forma diferida, se vean partidos de la MLB. Pero el fanático verdadero quiere estar informado en tiempo real y llevar al detalle las estadísticas ofensivas, defensa y pitcheo de los jugadores cubanos en la MLB. La prensa aquí no hace ese trabajo”.

Todos los viernes, en el Parque John Lennon, en El Vedado, muy cerca de la casa donde reside Víctor Mesa, controvertido director de Industriales, el equipo más emblemático de la isla, se celebra una peña deportiva nombrada MLB.com y tiene una treintena de afiliados.

Si usted charla con Sergio Giralt, director de la peña, le mostrará orgulloso diversas fotos de sus integrantes con jugadores cubanos que han visitado el país o estrellas del calibre de Miguel Cabrera, Nelson Cruz o Clayton Kershaw, el formidable lanzador zurdo de los Dodgers. Sus integrantes mantienen actualizadas todas las estadísticas de los peloteros cubanos que jugaron este año en la Gran Carpa, además de manejar herramientas más sofisticadas como la “sabermetría”.

El fútbol de los clubes europeos cuenta con una amplia difusión en los medios estatales, lo que ha contribuido a se haya convertido en el deporte más seguido en Cuba, sobre todo en las edades comprendidas de 14 a 30 años. Pero como los viejos roqueros, los integrantes de las peñas beisboleras en las diversas provincias, no quieren dejar morir el béisbol, el deporte nacional.

Orestes, integrante de la peña MLB.com, cuenta que “desde que arranca la temporada seguimos el desempeño de los jugadores cubanos. No solo los que juegan en Grandes Ligas, también de los que están en las Menores o actúan en las ligas del Caribe. Donde quiera que juegue un pelotero cubano es un orgullo para nosotros. Ahora, en esta final, los aficionados a la pelota estamos expectantes. Por primera vez, desde 1970, llegan a la Serie Mundial dos novenas con más de cien victorias. Y hay que remontarse a los años 60, donde rivalizaron Luis Tiant y Tani Pérez, para ver en una final a dos jugadores cubanos”.

Desde hace dos décadas, muchos seguidores del béisbol siguen la temporada por la ilegal antena del cable. “Pago 8 cuc al mes (equivalente a 10 dólares) para tener un compendio de programas, entre ellos canales deportivos que trasmiten la pelota”, dice un vecino del municipio Diez de Octubre, al sur de La Habana.

Otros pagan 2 cuc, a los mensajeros del Paquete, un negocio semiclandestino que difunde novelas, filmes, seriales y deportes de diversas televisoras estadounidenses, y con 24 horas de retraso ven los juegos de su equipo favorito.

“La televisión oficial solo trasmite uno o dos partidos a la semana y apenas destacan el desempeño de los jugadores nuestros. Yo me mantengo actualizado alquilando los partidos de los Yankees, soy un seguidor de Aaron Judge y Aroldis Chapman”, confiesa un vecino de la barriada de Luyanó.

Muy cerca del Capitolio, donde nace el kilómetro cero de La Habana, está enclavada la mítica Peña del Parque Central. A pocos metros de la estatua del prócer José Martí, decenas de aficionados discuten de béisbol.

En Cuba, más que intercambiar criterios de manera calmada, los fanáticos gesticulan con sus brazos y gritan a toda voz para imponer sus opiniones. De lejos da la impresión de que una bronca está a punto de estallar. Pero solo son amigos y conocidos que analizan desempeños y jugadas ocurridas en los últimos partidos, sean de Cuba o Estados Unidos.

El tema del martes 25 de octubre en la Peña del Parque Central fue el resultado del primer juego de la Serie Mundial entre los Astros de Houston y los Dodgers de Los Ángeles. Es que en la Isla hay dos bandos: los que quieren que gane el equipo de Yasiel ‘Caballo Loco’ Puig, y otros que apuestan por la novena del Yuli Gourriel.

Con esa jerga habitual, típica de los cubanos, Rodolfo, un moreno con pinta de estibador de puerto, afirma que “el Yuli es un penco. Un perdedor. En Cuba jamás ganó ningún título. No creo que lo gane en la 'yuma'. Gurriel es un amarillo, ayer Kershaw se lo jamó con papas fritas. Hoy será igual. El pitcheo de los Dodgers le va a enfriar los bates a los Astros".

"Esto es cuatro a cero pa’l equipo de Hollywood”, apunta un joven risueño y recuerda diversas situaciones donde el Yuli falló a la hora cero. Libra por libra, Yulieski Gourriel figura entre los tres mejores peloteros cubanos de la actualidad, pero su asignatura pendiente es su desempeñ en los juegos decisivos. Ya sea porque juega de manera calmada, sin los alardes que tanto gustan a los aficionados de la Isla, o por ser hijo de una gran estrella como Lourdes Gourriel, quien sí era un bateador de momentos difíciles, el Yuli tiene en su patria admiradores y detractores.

'Caballo Loco' jugó solo tres temporadas en Cuba, pero en dos de ellas plasmó números impresionantes, haciendo un one-two memorable con José Dariel 'Pito'Abreu, es el tipo de pelotero que genera pasión en un país acostumbrado al juego de guapería de barrio y de provocación al contrario.

Para Yoidel, adolescente que viste una camisa de Yulieski de la selección nacional, “por encima de la polémica que genera la pelota aquí, está el orgullo de ver a dos cubanos jugando en una Serie Mundial. Cualquiera que gane, va a ganar la pelota cubana”.

Numerosos rumores en las redes sociales aseguraban que la televisión trasmitiría con solo una hora de retraso el primer juego de la Serie Mundial. Pero los fans se quedaron con las ganas. Y aunque en Cuba la censura no llega al nivel de hace dos décadas, cuando Leonel Romero tenía que escuchar a hurtadillas los resultados de la MLB por la VOA, las autoridades siguen repudiando a los jugadores cubanos que optaron por labrar su propio camino.

Reformas económicas más, reformas económicas menos, Cuba sigue siendo una autocracia.

FUENTE: ESPECIAL

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